El misionero Rafael Herranz visita jumilla de la mano de su amigo Manuel Gea

Lleva 56 años ejerciendo su labor de sacerdocio principalmente en países latinoamericanos muy desfavorerecidos

misionero

Es el denominado ‘misionero de los pobres’ y ha realizado su labor en muchos países sudamericanos con acuciantes necesidades

Rafael Herranz es el auténtico misionero de los pobres de Centro América. Nicaragua, Honduras, Guatemala, El Salvador y Costa Rica, entre otros, son países que tienen un clima político y social controvertido y en la que ellos mismos se ven envueltos, en su vocación de defender a pobres, viudas y huérfanos. Esta es la vida de los misioneros franciscanos en Centroamérica. Así lo presentó su amigo Manuel Gea, ya que estudió junto a él durante algunos años de su niñez. Del padre Herranz, dice, que escribió un trabajo sobre el Cristo Amarrado a la Columna hace muchos años, una publicación franciscana que no se conoce aquí, pero que le llevó hacer una investigación científica e histórica muy exhaustiva.

VIVENCIAS MISIONERAS

El santuario de Santa Ana para el franciscano Rafael Herranz, es la casa de espiritualidad principal de la provincia de Cartagena, casi como un relicario, por su valor histórico y la santidad que ha atesorado en tantos religiosos.

Se marchó en 1965 a Centro América y su primer destino fue Nicaragua, donde estuvo tres años en el seminario de la ciudad de Diriamba, después pasó siete años en El Salvador, donde le tocó vivir la famosa ‘guerra del fútbol’ entre Honduras y El Salvador. Primero estuvo en la capital, en un barrio de trabajadores donde había una “zona roja”, denominada así por su tolerancia con la prostitución . Más tarde realizó su labor misionera, y actuó de párroco y superior, en un pueblo del oriente llamado Berlín, aunque en un principio, señala, no había ni pueblo, ya que fue a raíz del boom del café en Sudamérica, cuando los inmigrantes alemanes fundaron el pueblo con este nombre, ya que eran los dueños de los cafetales. Llegó a dirigir una revista popular de carácter franciscano y espiritual llamada “El Serafín de Asís”. Volvíó de párroco a Nicaragua, a la parroquia de San Francisco de Managua, allí había una zona rica, otra de trabajadores, y una muy marginada llamada Vietnam, y allí se quedó. Puso un dispensario médico y levantó una iglesia.

El reportaje al completo en la edición impresa de Siete Días Jumilla

 

Author: Siete Días

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