En clave de sol by Gustavo López
Hay momentos que el tiempo no consigue borrar. Instantes que permanecen intactos en la memoria porque representan mucho más que un acto puntual. Hace ya un año tuve el inmenso honor de ser pregonero de las Fiestas de Moros y Cristianos de Jumilla, una responsabilidad que asumí con emoción, respeto y un profundo sentimiento de gratitud.
Aquel pregón llegó además en un año especialmente significativo, coincidiendo con el 25 aniversario de Siete Días Jumilla, un proyecto periodístico que ha crecido junto a esta ciudad y que siempre ha intentado contar su historia, sus tradiciones y lo que sus gentes vivían. Poder unir ambos acontecimientos fue, sin duda, uno de los mayores reconocimientos personales y profesionales que he recibido.
Ser pregonero significa convertirse, aunque solo sea durante unos minutos, en la voz de unas fiestas que representan convivencia, pasión, historia y sentimiento colectivo. Significa hablar desde el corazón a un pueblo que vive intensamente sus tradiciones y que trabaja para que los Moros y Cristianos sean una celebración cada vez más consolidada y arraigada.

Un año después, el recuerdo sigue intacto. Permanecen las emociones, los nervios previos, las miradas cómplices, el calor del público y la sensación de estar viviendo algo irrepetible. También permanece el agradecimiento hacia quienes pensaron en mí para desempeñar una tarea tan especial.
Este año ha sido la escritora Ana María Tomás la encargada de abrir oficialmente estas fiestas. Y no puede haber mejor elección. Su sensibilidad, su enorme nivel intelectual y su capacidad para transmitir emociones convierten su nombramiento en una magnífica noticia para Jumilla y para los Moros y Cristianos. El pasado domingo regaló un pregón lleno de humanidad, cultura y sentimiento, de esos que dejan huella.
Las fiestas necesitan personas capaces de emocionarse y emocionar. Personas que comprendan que las tradiciones no solo se celebran, sino que también se sienten y se defienden. Ana María Tomás reúne todas esas cualidades.
Ahora que las calles vuelven a prepararse para escuchar música festera, para ver desfilar comparsas y para reencontrarse con amigos y familiares, vuelvo inevitablemente la vista atrás. Y solo puedo sentir orgullo, agradecimiento y felicidad por haber formado parte de la historia reciente de unas fiestas que siguen creciendo y engrandeciendo el nombre de Jumilla.








