Colaboración de Pascual David Muñoz Álamo. Policía Local y Criminólogo, Sección Paso corto, vista larga.

Hay lugares que se visitan y otros que se sienten. Jumilla pertenece a ese segundo grupo. Cuando llega agosto, la ciudad cambia el ritmo, las calles recuperan recuerdos de generaciones enteras y el corazón de los jumillanos comienza a latir de una forma diferente. Del 14 al 23 de agosto volverán las Feria y Fiestas Patronales en honor a Nuestra Señora de la Asunción, y con ellas la 53ª Fiesta de la Vendimia, una celebración declarada de Interés Turístico Regional que merece, sin ningún género de dudas, alcanzar el reconocimiento nacional.
Quien ha nacido en Jumilla sabe que estas fiestas son mucho más que un programa de actos. Son el reencuentro de familias, de amigos que vuelven desde cualquier rincón de España, de vecinos que esperan todo un año para abrazarse de nuevo. Son días en los que el pueblo abre sus puertas con orgullo para recibir a quienes llegan por primera vez y terminan marchándose con la promesa de regresar.
La emoción comienza incluso antes del inicio oficial con la Exaltación del Vino.


Pero si existe un momento capaz de resumir el alma de estas fiestas es la Gran Cabalgata del Vino. Miles de personas llenan las calles vestidas de blanco para terminar teñidas del color del vino. Se baila, se canta, se ríe y se comparte sin importar de dónde venga cada uno. Durante unas horas desaparecen las diferencias y todos forman parte de una misma familia. Es imposible describir con palabras lo que se siente cuando una lluvia de vino, música y alegría envuelve a toda la ciudad.
Las tradiciones solo permanecen vivas cuando se transmiten. Por eso estas fiestas representan mucho más que un homenaje al vino. Son el reconocimiento al trabajo de generaciones de viticultores, al esfuerzo de las peñas, de los colectivos festeros, de los voluntarios y de todas las personas que, año tras año, hacen posible que Jumilla siga siendo un referente cultural y enoturístico de la Región de Murcia.
Si nunca has estado en las Fiestas de Jumilla, este puede ser el año para descubrir por qué quienes las conocen hablan de ellas con tanto cariño. Ven, compártelas, emociónate y cuéntalas después. Porque las mejores historias no son las que se ven en una pantalla, sino las que se viven en primera persona. Y cuando agosto llega a Jumilla, cada visitante deja de ser un espectador para convertirse en parte de una tradición que merece seguir escribiendo su historia durante muchas generaciones más.