En clave de sol by Gustavo López

Después de años de trabajo de mucha gente que ahora pasarán desapercibidas, el expediente para que la Fiesta de la Vendimia de Jumilla sea declarada de Interés Turístico Nacional ha dado el paso decisivo. El Instituto de Turismo de la Región de Murcia ha emitido su informe favorable y lo ha remitido ya a la Secretaría de Estado de Turismo, el último trámite antes de la resolución definitiva. Todo apunta a que la aprobación llegará en cuestión de días, y no sería descabellado que se conociera incluso antes de que se inaugure la fiesta de este año.
Detrás de este logro está el impulso de la Federación de Peñas, que ha sostenido, documentado y defendido, junto con el Ayuntamiento, el valor de una celebración que mueve cifras importantes de visitantes y participantes durante los diez días de fiesta, aumentando la población del municipio, favoreciendo la ocupación hotelera, con treinta peñas y más de 2.000 peñeros censados. A ello se suma la lógica proyección en medios de comunicación, aunque a veces se descuiden los aspectos más cercanos, y en definitiva, más sencillos.


De confirmarse esta concesión de la que tanto se ha escrito y hablado, la Región de Murcia contará con cinco fiestas de Interés Turístico Nacional, sumándose al destacado grupo de festejos regionales que ya están distinguidos por su tradición y arraigo.
Pero conviene no confundirse. Conseguir el reconocimiento no es la meta, es el punto de partida de una nueva responsabilidad. La historia reciente está llena de distinciones que, una vez logradas, se dieron por sentadas y acabaron diluyéndose por falta de cuidado, de renovación o de autocrítica. Ostentar un título no garantiza nada por sí solo. Lo que de verdad sostiene una fiesta de Interés Turístico Nacional es la calidad de cada edición, la capacidad de seguir sorprendiendo a quien la visita año tras año y el mimo con el que se cuidan los detalles.
El Interés Turístico Nacional no es una medalla que se cuelga y se olvida. No debemos olvidar que lo que se exige es mantener el nivel, seguir mejorando cada edición y, sobre todo, saber comunicar mejor lo que Jumilla tiene que ofrecer, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. El trabajo, lejos de terminar, no ha hecho más que empezar, y de cómo se afronte dependerá que este reconocimiento sea un punto de partida y no un techo. Ejemplos de fiestas que se han dormido en los laureles hay muchos, por lo que espero que aprendamos y no tropecemos en las mismas piedras.