A mitad del siglo XX se abre paso la idea de que la educación requería algo más de un maestro y una habitación

El primero llegó a albergar las primeras clases del Instituto Laboral y el segundo fue el gran eje de la enseñanza pública

Juan José Melero

Durante décadas, aprender en Jumilla significó hacerlo en aulas pequeñas, muchas veces con un solo maestro y alumnos de distintas edades compartiendo espacio. En la mayoría de las pedanías, aquel modelo sobrevivió hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Pero en el casco urbano la educación comenzó a necesitar edificios pensados para acoger a muchos alumnos, maestros organizados por grados y una enseñanza menos vinculada a la vieja fórmula de la escuela unitaria.

Interior de una clase en el Ibáñez en 1955. (José A. Tomás)


En ese tránsito aparecen dos nombres fundamentales en la historia educativa de la ciudad: los colegios San Francisco e Ibáñez Martín.
El primero recogió una tradición educativa que hundía sus raíces en las primeras décadas del siglo XX y que tendría en la enseñanza privada y religiosa uno de sus principales protagonistas.

Una clase del Colegio San Francisco con el maestro José Luis Ortiz. Foto cedida por Francisco Fernández.

El histórico Colegio San Francisco hunde sus raíces en el Colegio de la Pureza, inaugurado en octubre de 1916. Más de tres décadas después, en 1948, este centro se convertiría en el actual San Francisco, situado entonces en la avenida de la Asunción. 250.000 pesetas (1.500 euros) costó su compra.

Grupo de alumnas del Colegio San Francisco en 1965. (Foto Marimar);


Pero el ya antiguo edificio se fue quedando obsoleto con el paso del tiempo, por lo que el centro estrenó ubicación en septiembre de 1979, ocupando ahora un amplio solar en la zona norte del Barrio de San Juan.
Entremedias, las antiguas instalaciones del llamado Paseo de la Asunción llegaron a albergar las primeras clases del Instituto Laboral, a la espera de que concluyeran las obras del nuevo centro de Enseñanza Secundaria. Fue en concreto y de forma provisional en el curso 1952-53 y parte del siguiente.
El segundo de estos grandes centros escolares, puesto en marcha en enero de 1952 y denominado hoy Colegio Mariano Suárez, representó un paso decisivo para la escuela pública jumillana. Fue el primer colegio de titularidad pública construido expresamente para esa función en la localidad.


Se levantó sobre el solar del huerto del antiguo Convento de Las Llagas de San Francisco, naciendo así el emblemático Grupo Escolar Ibáñez Martín, llamado a ser el gran eje vertebrador de la enseñanza pública de la época. Sus orígenes se remontan a 1936, cuando el alcalde de Francisco Mateo Galant solicita a las instituciones públicas la creación en el municipio de un grupo escolar. Se argumentaba que Jumilla tenía un censo de más de 20.000 habitantes y “3.000 niños de ambos sexos que no reciben la instrucción debida por falta de locales adecuados”.

Alumnas del Ibáñez Martín a mitad de los años 70. Foto José Antonio Tomás


Sin embargo, las obras no comenzaron hasta finales de 1948. Fue inaugurado el 17 de enero de 1952, el mismo día que el cuartel de la Guardia Civil, aprovechando la visita del gobernador civil, Cristóbal Graciá. Era alcalde de Jumilla en ese momento Pedro Martínez Eraso.
Entre ambos edificios se puede ver una parte esencial de la transformación de la educación en Jumilla. Una historia de crecimiento urbano, de nuevas necesidades y la idea que empezaba a abrirse paso de que educar a niños requería algo más que un maestro y una habitación.