El camino de aquel niño que nunca dejó de perseguir su sueño
Hay carreras deportivas que se explican a través de los títulos o cifras, pero hay otras que se entienden mejor desde el camino recorrido. La de Sergi Guardiola pertenece, sin duda, a esta segunda categoría. Más de una década de fútbol profesional, 185 partidos en Primera División y 24 goles en la máxima categoría resumen una trayectoria que, sin embargo, adquiere su verdadera dimensión cuando se recuerda desde dónde comenzó.
Por eso, quizá, este Premio a la Labor Deportiva 2026 llega en un momento especialmente significativo: apenas unos meses después de que el delantero anunciara su retirada del fútbol profesional y cuando comienza una nueva etapa de su vida vinculada igualmente al deporte rey. Un reconocimiento que, además, procede de Jumilla.

“Me hizo mucha ilusión recibir este premio, sobre todo por el lugar desde donde llega, mi pueblo”, reconoce Guardiola. No lo esperaba. Y precisamente por eso, asegura, la alegría fue todavía mayor. “Prácticamente nunca o casi nunca se me ha reconocido con algo así en Jumilla”, explica. Ahora siente que, después de tantos años de esfuerzo, se pone en valor todavía más su trayectoria.
Sergi Guardiola nació en Manacor el 29 de mayo de 1991 por circunstancias de trabajo de sus padres, pero fue en Jumilla donde creció, donde se formó como persona y futbolista y donde comenzó a construir un sueño que podía parecer lejano a medida que avanzaba por categorías modestas. De la Escuela de Fútbol de Jumilla a los diferentes destinos que fueron marcando su carrera, el camino estuvo muy lejos de ser recto.
Él mismo lo recuerda con orgullo. Tras salir del Getafe tuvo que bajar hasta Tercera División. Después volvió a crecer hasta alcanzar Segunda División B, acercándose de nuevo al fútbol profesional, para posteriormente regresar a Segunda B, marcharse a Australia y volver a empezar. “No ha sido nada fácil”, resume.
Pero precisamente ahí encuentra una de las razones de mayor orgullo de toda su carrera: “Nunca haber abandonado”.
Esa frase explica buena parte de quién ha sido Sergi Guardiola como futbolista. Nunca tirar la toalla. Seguir peleando. Entender que el trabajo y la perseverancia son una forma de vida. Y hacerlo acompañado de una familia que, como él mismo reconoce, estuvo especialmente presente en los momentos difíciles.

Con el tiempo llegarían el Córdoba, el Real Valladolid, el Getafe, el Rayo Vallecano, el Cádiz y otros destinos que fueron completando una carrera que alcanzó la Primera División. Ha tenido el privilegio de disputar 185 partidos en la máxima categoría, en la que ha marcado 24 goles. Con el Valladolid anotó doce tantos en 99 encuentros; con el Rayo, once en 57; y con el Cádiz, cuatro en 41.
Pero detrás de los números están los recuerdos. Y Sergi Guardiola no establece diferencias entre los grandes escenarios de Primera y aquellos primeros años en los campos de fútbol de Jumilla. Cuando echa la vista atrás aparecen los nombres de Antonio, Julián, Puertas o Txumy, entrenadores y personas que formaron parte de aquellos comienzos. También compañeros como Carlitos, Luis David o Francis, amistades que, décadas después, siguen formando parte de su vida.

“Guardo muchos recuerdos muy bonitos”, afirma. Desde la Escuela Municipal hasta el Murcia, el Jumilla o el paso por Australia. También conserva especialmente el recuerdo del vestuario del Córdoba, donde encontró un grupo humano que todavía permanece unido. “Seguimos viéndonos y celebrando cosas”, cuenta. Allí, además, nació su hija, una circunstancia que convirtió aquel club en algo todavía más especial.
Precisamente en Córdoba quiso poner el punto final. Podía haber continuado. Tenía ofertas y puertas abiertas. Pero decidió marcharse cuando él quiso y donde quiso. “No iba a dejar que el fútbol me echase”, explica. Después de tantos años, tenía claro que quería disfrutar de la última etapa y cerrar la carrera a su manera. Y lo hizo, además, marcando un gol en su último partido.
Ahora comienza otra aventura. Su retirada no significa alejarse del fútbol. Se ha incorporado al mundo de la representación de jugadores y ya ha cerrado su primer fichaje en Primera División portuguesa. Le atrae especialmente la posibilidad de ayudar a otros futbolistas a cumplir el sueño que él consiguió hacer realidad.

Quizá por eso, cuando piensa en los jóvenes que empiezan ahora, su consejo nace de la experiencia: trabajar, luchar, mantener la cabeza bien amueblada y rodearse de personas que sumen y que digan la verdad. “Que no pierdan la ilusión”, pide. Porque él sabe mejor que nadie que las cosas grandes no se consiguen fácilmente.
Este domingo, en el Teatro Vico, Sergi Guardiola recibirá un premio que, más que reconocer únicamente sus partidos, sus goles o sus años en Primera, reconoce el camino. El camino de aquel niño que empezó a jugar al fútbol en Jumilla y que nunca dejó de perseguir su sueño.
Y cuando tenga que dedicar el galardón, lo tiene claro: a sus hijos, a su mujer, a su madre, a sus hermanos, a sus amigos, a sus compañeros y a todos los entrenadores y personas que estuvieron cerca de él. “A la gente que ha estado de verdad conmigo”, concluye.









