Impresiones sobre el número 1.000 de Siete Días Jumilla.
Colaboración de Salvador Moreno. Escritor.
Sucedió a las 9 de la mañana, del día 30 de septiembre, y el director de este entrañable semanario me pide por teléfono: ¡un artículo para el día 7 de este octubre! Una vez más me veo requerido, para y por Jumilla, por un paisano que me sabe dispuesto siempre. Y también, una vez más, para una “causa cultural”. Él es uno de los jumillanos conocedores de que, aunque soy un emigrado -¡desde el 1956 del siglo pasado!-…siempre que se me busca, por y para Jumilla, se me encuentra.
Salí de este mi querido pueblo con 14 años y, por todo bagaje, tres cursos de Bachillerato Laboral. Modelo de enseñanza que no podía continuar cursando en mi destino, Madrid, donde se completaba el éxodo familiar. Emigración pura y forzada.
Alguien ha llamado “ansiedad de emigrado” al hecho, difícil de explicar, de que 12 años más tarde terminara la carrera universitaria de Arquitecto, sin duda que a caballo del “quehacer albañilero” familiar (con mi padre y mis dos hermanos mayores).
Más procede añadir, para acabar de completar ese escenario, que de Jumilla ya salí afanado por todo lo “Cultural” -así con mayúsculas- por cuanto el profesorado de aquel inefable Instituto Laboral me había “envenenado” para siempre. Doña Marina Girón, doña María Dolores Abizanda, doña Eloísa Mateo, su hermana María Cruz… que con independencia de la materia académica “laboral”, eran unas formidables profesoras en sus cometidos: Lengua, Historia, Geografía, Química… etc.

Y llega ya el momento crucial de la confesión de un grande e histórico secreto personal. Sucede en el último año que cursé en el Instituto Laboral: que yo fundé un periódico clandestino titulado “YO NO HE SIO”… (¡me tomo un respiro!…ya está, una vez tenía que ser…vale?…¡es que hace 70 años!). Supongo que ya ha caducado el delito y que puedo citar a mis compañeros de curso y de aventura”: Rogelio García Mateo (S.J.), y José María Lozano Pérez, que era el que tenía en casa -de su padre, contable- una máquina de escribir. El Consejo de Redacción lo formábamos Rogelio y yo. Y José María mecanografiaba -con varias láminas de copias cada vez- una serie de ejemplares…que, un día cada mes, en el tiempo del “recreo” entre clase y clase, dejábamos tirados por el suelo de la clase y en los aseos.
Los compañeros del curso -Antonio Verdú, Jesús Monreal, Manolo Fraile, Pepe Bleda, Roque Pastor, etc.- e incluso de otros cursos, en los que trascendió la noticia, creo que no llegaron nunca a saber quiénes eran los autores de aquel “agresivo, crítico, fuerte, descarado, etc.”… e ¡inefable periódico clandestino!
Hace 70 años y no me queda otra opción: yo lo seguiré negando. Pero tú que puedes, amigo Gustavo, no dejes de publicar el Siete Días Jumilla. Te lo ruego.









