El deporte y la cuarentena

Testimonio y experiencia del jumillano Antonio Toral Pérez, bombero, ciclista y escritor. El deportista asegura que “la actividad física es fuente natural de bienestar, salud física y mental”

“El deporte sigue siendo la medicina perfecta para ahuyentar algunos de los males más silenciosos y endémicos que azotan nuestra sociedad”. Ésta es una de las afirmaciones de Antonio Toral Pérez, bombero, cislita y escritor que ha dejado para Siete Días su positivo testimonio y su experiencia en estos días de cuarentena.

PARADOJAS

Puede resultar sorprendente y hasta paradójico, de hecho realmente lo resulta, que en estos días de confinamiento y de incertidumbre en multitud de aspectos de nuestras vidas, o lo que era de ellas hasta hace solo unos días, el deporte -como ‘el amor en los tiempos del cólera’, con la indulgencia de García Márquez- pueda llegar a cobrar tanta importancia y trascendencia. Puede resultar sorprendente y hasta paradójico que, en estos tiempos de ordenar los cajones de nuestras casas -metáfora perfecta de lo que probablemente muchos estemos haciendo en nuestro interior con nuestras propias vidas, poniendo en el escalafón más esencial de nuestra escala de prioridades cosas que hasta no hace mucho tiempo pasaban inadvertidas- el deporte siga siendo un aliado constante e insustituible, poderoso remedio natural para hacer más llevadera esta cuarentena y, de paso, contribuir de manera decisiva al mantenimiento de nuestra salud tanto mental como física.

DEPORTE, SINÓNIMO DE SALUD

Y es que a día de hoy ya se sabe que el deporte, a cualquier edad, es sinónimo de salud y de bienestar. El deporte -aunque sea bajo techo y limitado por las mil y una limitaciones que nos impone el espacio de que disponemos en nuestro propio hogar- sigue siendo la medicina perfecta para ahuyentar algunos de los males más silenciosos y endémicos que azotan nuestra sociedad, hoy probablemente, con más fuerza e intensidad que nunca. Altos estados de incertidumbre, como el actual, pueden traducirse en altas cotas de desánimo o ansiedad y, sí, acelerar nuestro corazón, romper a sudar, como consecuencia de la actividad física, nos puede y debe proteger y nos puede y debe ayudar.

HACER CICLISMO EN CASA

Y en este turbulento ciclón de sorpresas y paradojas, no deja de volver a ser sorprendente y paradójico que los amantes al ciclismo, sometidos a los rigores de los elementos día tras día como pocos aficionados a cualquier deporte puedan estarlo, hayamos encontrado en este arresto domiciliario una gran oportunidad. Solo hace falta disponer en casa de una bicicleta estática o de spinning o un rodillo (artilugio mecánico utilizado durante lustros en este deporte al que se le acopla la propia bicicleta del ciclista) para poner en marcha la máquina más potente y más compleja que jamás haya existido y con la que la Madre Naturaleza nos has premiado a todo ser humano: nuestro propio cuerpo. Más de 400 sustancias químicas diferentes vierten nuestros músculos a nuestro torrente sanguíneo durante el ejercicio y, por medio de estas bicis de spinning o estos rodillos, los aficionados al ciclismo podemos llevar a cabo sesiones que a veces poco o nada tienen que envidiar a las que podemos realizar al aire libre, aprovechando sus múltiples beneficios.
En mi caso particular -cuando mi trabajo de bombero me lo permite- realizo dos sesiones diarias sobre mi bicicleta, acoplada a un rodillo de transmisión directa. Una primera sesión -nada más levantarme y en ayunas- de 30 minutos que me sirve para activar mi organismo y para arrancar el día con la máxima vitalidad posible; y una segunda sesión vespertina de entre 1 y 2 horas en las que definitivamente pongo mi cuerpo a pleno rendimiento, pero sin llegar a la extenuación en ningún momento, pues el deporte moderado refuerza nuestro sistema inmunológico, no así el deporte llevado al extremo.

SALIR FORTALECIDOS DE ESTA SITUACIÓN

Y poco más puedo añadir. Que el deporte es fuente natural de bienestar y salud física y mental, y que no solo no debemos abandonarlo en estos momentos de incertidumbre y también, por qué no decirlo, de malestar y estrés emocional, sino que debemos tomar -o retomar- su práctica con más fuerza y convicción que nunca, casi como si de una deuda contraída con nosotros mismos se tratara, y cultivarlo a diario o casi a diario. La vida y la salud nos lo agradecerán y premiarán. Y es que el deporte no se limita a ayudarnos a salir de esta situación de cualquier manera, sino que nos brinda la impagable oportunidad de poder salir incluso fortalecidos de ella. Mucho ánimo, mucha fuerza y mucha salud a todos. Nos vemos pronto en la carretera.

Autor: Siete Días

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