En clave de sol by Gustavo López

Lo que es el concepto de política se puede definir desde varias perspectivas, pero en términos generales se podría decir que es el conjunto de principios, acciones, decisiones y normas orientadas a la organización, el funcionamiento y la dirección de un pueblo, una comunidad, grupo social o Estado, con el objetivo de alcanzar el bien común, mantener el orden y resolver conflictos. Igualmente, como ciencia y arte de gobernar, es el estudio y la práctica de cómo se distribuye y ejerce el poder en una sociedad. Además, como proceso de toma de decisiones colectivas, implica establecer reglas y políticas públicas para gestionar los recursos y resolver problemas sociales. Y como actividad humana, involucra la interacción entre personas, partidos, instituciones y grupos para influir en las decisiones que afectan a la sociedad.


Todo esto, como definición está muy bien, pero lo cierto es que en la actualidad, donde la politización y los extremos están a la orden del día, lo cierto es que algo que está llamado a ser una solución de problemas, se convierte precisamente en lo contrario.
En los últimos tiempos, hemos visto cómo diversos acontecimientos de carácter social, natural y cultural han terminado enredados en el juego político. La DANA en Valencia, la moción en Jumilla para impedir actos ajenos al deporte en instalaciones deportivas o los recientes incendios forestales son ejemplos claros de una tendencia preocupante como es la politización de absolutamente todo.
La politización no es lo mismo que la política. La política es necesaria para organizar la sociedad y resolver problemas comunes. Sin embargo, cuando cualquier situación se convierte en munición partidista, el foco se desplaza del problema real hacia la lucha y la confrontación. Y ahí es donde comienzan los perjuicios, sobre todo para el ciudadano, último eslabón de la cadena.
En todos los casos que, a modo de ejemplo, comentaba anteriormente, lo políticos deberían haber sido ejemplo de unidad, y haber servido como apoyo a los ciudadanos. Sin embargo, cuando se abre la veda, comienzan los reproches cruzados, y los sufridos votantes asistes perplejos a una pelea de gallos que hace mucho daño.
Politizarlo todo es peligroso porque impide el diálogo y convierte los problemas comunes en trincheras ideológicas. La ciudadanía necesita responsabilidad, no oportunismo. Hace falta cooperación y sensatez, no guerras de relato.