Con 6.962 metros, culmina una nueva etapa del Desafío +8.000
Tras soportar temperaturas de diez grados bajo cero incluso dentro de la tienda, el alpinista regresa a Jumilla “vacío físicamente, pero lleno espiritualmente”.
J. J. Melero
“La Aconcagua, techo de América, ya es mío y de todos los jumillanos’. Con este mensaje comunicaba Antonio Toral a la redacción de Siete Días en la tarde del lunes (hora española) que el reto estaba logrado.
Había alcanzado la cima del Aconcagua, con 6.962 metros de altitud, culminando con éxito la expedición hasta ahora más exigente de su Desafío +8000. La ascensión se convirtió, en palabras del propio Toral, en “uno de los días más duros” de su vida, pero también en uno de los más bellos y transformadores.

Tras varias jornadas de aclimatación en altura, la expedición afrontó los días decisivos desde el Campo 2, Nido de Cóndores, a 5.570 metros, donde el alpinista realizó entrenamientos técnicos con crampones y piolet en un entorno donde cada paso se vuelve lento y el aire nunca parece suficiente.
Ya en el Campo 3, Cólera, a más de 6.000 metros, soportó temperaturas de hasta diez grados bajo cero dentro de la tienda y un entorno completamente congelado. El ataque final a la cumbre comenzó el domingo de madrugada, en condiciones duras pero asumibles.

Finalmente, Toral logró coronar el Aconcagua y regresa a Jumilla “vacío físicamente, pero lleno espiritualmente”, con numerosos aprendizajes sobre la vida y sobre sí mismo. El alpinista dedicó este logro a sus hijos, Alejandro y Ainhoa, a su familia y a sus patrocinadores, destacando valores como el esfuerzo, la superación, el compromiso, la sostenibilidad y el respeto por la montaña, pilares fundamentales de este proyecto.











