En clave de sol by Gustavo López
Cada año, cuando se acerca la Semana Santa en Jumilla, debería respirarse únicamente ese ambiente tan nuestro de recogimiento, tradición y encuentro. Sin embargo, en los últimos tiempos parece que junto a los preparativos, los ensayos y la ilusión cofrade, llega también otro elemento ya casi habitual: la polémica.
Este año, el anuncio del cambio de itinerario y horario en la procesión del Calvario del Viernes Santo por la mañana ha vuelto a generar debate, comentarios, incomprensiones y división de opiniones. Y aunque es lógico que cualquier modificación en una celebración tan arraigada despierte sensibilidad, resulta preocupante que cada decisión termine convirtiéndose precisamente en malestar.
La Semana Santa de Jumilla no es solo un evento en el calendario turístico ni un escaparate para nuestro pueblo. Es, ante todo, una manifestación popular profundamente ligada a la identidad de los jumillanos. Pertenece a las cofradías, sí, pero también a los vecinos que, en definitiva, son quienes la sostienen, a las familias enteras que viven la tradición y a las almas que llenan los itinerarios y dan sentido a todo.

Por eso, cualquier cambio debería nacer del consenso, la escucha y el respeto a esa base social que sostiene la fiesta. Cuando las decisiones se perciben como impuestas, poco dialogadas o alejadas del sentir general, la celebración pierde parte de su esencia.
No se trata de oponerse a la evolución. Las tradiciones, para seguir vivas, deben adaptarse a los tiempos. Pero adaptarse no debe ser sinónimo del sinsentido, el desequilibrio o la falta de sensibilidad.
Quizá ha llegado el momento de reflexionar sobre qué Semana Santa queremos. ¿Una centrada en cifras, en estrategias o en demostrar autoridad? ¿O una que piense más en los jumillanos, que huya del enfrentamiento estéril y que apueste por la humildad y el arraigo?
Este año le ha tocado a la procesión del Calvario. Antes fue a los vecinos del Rollo. Recordarán el enconamiento con las bandas de música, o el concierto de Jueves Santo. Un año, Jesús se bajó de la burra Domingo de Ramos. Al año que viene será otra cosa. Y así será siempre mientras que el ombligo que se mire siga siendo el del mismo, y el interés general sea secundario o ni siquiera eso.
Si algo necesita hoy la Semana Santa en Jumilla es menos ruido y más escucha. Menos imposición y más acuerdo. Más calle, más barrio, más gente. Y, sobre todo, humildad y respeto al pueblo que te lo da todo.











