Se trata de una ascensión con terreno mixto, nieve, roca y hielo, así como gran pendiente
Una nueva ruta bautizada como Interplasp lograda por el jumillano junto al experto alpinista Raúl Lora
J. J. Melero
El Circo Glaciar de Sierra de Gredos tiene una nueva vía de escalada alpina en terreno mixto: nieve, roca y hielo. Así lo ha logrado el bombero, ciclista, alpinista y escritor jumillano Antonio Toral Pérez junto al experto montañero, Raúl Lora del Cerro.
La aventura se inició con una larga y dura aproximación de tres horas, y aquí comenzó a ponerse de manifiesto la exigencia de la vía, ya que solo para llegar a la base de la misma ya era necesario encordarse. A partir de aquí, quedaban por delante 150 metros inexplorados “e inolvidables a partir de hoy para nosotros”, explica Toral.
Mayor exigencia
Llegaron a la imponente arista del Cuchillar de la Navaja, destacando, durante el segundo largo, una goullotte casi vertical de hielo rematada con un resalto de roca en ligero desplome.

Una vía más exigente y técnica de lo que habían previsto y que, según el conocimiento y la experiencia de Raúl Lora y de acuerdo a la calificación de dificultad de escalada alpina, la gradúan como muy difícil (MD): ascensiones técnicas complicadas con terreno mixto (nieve, roca y hielo), con alta exposición, elevado compromiso, alto requerimiento físico y técnico y pendientes sostenidas de 65 a 80 grados (WI4, según escala canadiense).
La nueva vía ha sido bautizada con el nombre de Interplasp en agradecimiento a la empresa que está financiando parte del denominado Desafío +8.000, en el que está inmerso desde el pasado año el aventurero jumillano.
“He de confesar que una parte de mí estaba muerta de miedo”
Antonio Toral confiesa que mientras estaba a pie de vía asegurando a Raúl Lora del Cerro, confiaba mucho en él y en sus posibilidades y habilidades, “pero a la vez una parte de mí estaba muerta de miedo”.
El hecho de saber que era algo totalmente desconocido, que nadie había intentado subir por ahí antes, y en caso de haberlo intentado no había constancia de que lo hubiera hecho con éxito, “era algo que, aunque confiaras en que todo iba a salir bien, no podías borrarlo de tu inconsciente, de la parte más primitiva de tu cabeza”, asegura.
Pero hasta ahí duró el miedo, hasta que llegó su turno y hasta que Toral pudo clavar por primera vez sus piolets y crampones en la nieve y el hielo.
El jumillano quiere dar las gracias “a los que habéis estado ahí estos días y a los que os alegráis por estas pequeñas o grandes cosas, según cada unos quiera verlo”.











