Editorial

Existe un prejuicio arraigado, tan injusto como persistente, que asocia los vinos de Jumilla exclusivamente al frío invernal, a los guisos de cuchara y a las mesas navideñas. Un estereotipo que el Consejo Regulador ha decidido combatir bajo el eslogan ‘Verano con denominación de origen Jumilla’, una invitación que llega en el momento más oportuno.
Y lo hace con argumentos sólidos. Los vinos blancos y rosados amparados por esta denominación han experimentado en los últimos años un salto cualitativo extraordinario, algo que no admite ya ninguna duda tras los resultados de las catas a ciegas del reciente 32 Certamen de Calidad de Vinos de Jumilla. La evolución es innegable: frescura, elegancia y personalidad propia, virtudes más que suficientes para conquistar cualquier mesa estival.


Pero la propuesta veraniega de Jumilla no acaba ahí. Los tintos Monastrell jóvenes, con madera o sin madera de forma independiente, también se han convertido en unos perfectos representantes de nuestra variedad autóctona, alma y seña de identidad de nuestra zona, que ahora además, turísticamente, es capital la comarca. Los tintos jóvenes Monastrell se revelan como aliados perfectos para los maridajes del verano: arroces, brasas, tapeos y terrazas. Vinos de carácter, pero sin renunciar a la ligereza que exige la estación.
Jumilla tiene mucho que decir a lo largo de año, pero también en verano. Solo hay que descorchar y comprobarlo. Invitados quedan.