Editorial

Jumilla es una de esas ciudades donde la solidaridad no se anuncia, simplemente se practica. Aquí ayudar no es una excepción, sino una respuesta casi instintiva ante la necesidad. En los últimos días, varias historias lo han vuelto a demostrar que ayudar está en el ADN de los jumillanos.
Uno de los ejemplos más recientes es la fiesta solidaria “Voy a pasármelo bien”, organizada a beneficio de Nora. Una iniciativa nacida desde la generosidad, el compromiso y las ganas de sumar. Y es que muchas veces no se trata solo de recaudar fondos, sino de enviar un mensaje claro de cercanía.


Este espíritu solidario no es algo puntual. A lo largo del año, son numerosas las acciones benéficas que se organizan que tienen un denominador común, la voluntad de ayudar. Pero el buen corazón no siempre se manifiesta en grandes eventos. A veces aparece de forma repentina, inesperada y decisiva. Esta misma semana, un enfermero natural de Jumilla protagonizó una de esas actuaciones que reflejan valores. Fuera de servicio, vestido de paisano, se encontró con un grave accidente de tráfico en Murcia. Sin dudarlo, atendió a uno de los heridos, una intervención que resultó vital hasta la llegada de los servicios de emergencia. No buscó reconocimiento ni aplausos; actuó porque sabía hacerlo y porque el ADN le incitó a ello.
En tiempos en los que a menudo predominan las noticias negativas, conviene detenerse ante este tipo de situaciones. Y Jumilla es un ejemplo donde la ayuda nunca entiende de horarios ni protagonismos. Cada gesto cuenta y hace más y mejor Jumilla.