Descendientes de Vicente Bernabéu Sanz, fundador del negocio de frutos secos, se reúnen en Salones Pío XII
En el encuentro se dio la curiosidad de que coincidieron siete familiares llamados Lorenzo Bernabéu
J.J. Melero
Jumilla ha reunido a casi medio centenar de miembros de la familia de los ‘Tramuseros’, una saga que hunde sus raíces en 1914 y cuyo árbol genealógico cuenta hoy con 110 integrantes. El encuentro ha congregado a cinco generaciones unidas por una historia familiar y comercial que supera el siglo de trayectoria.
El origen se remonta a la llegada a Jumilla de Vicente Bernabéu Sanz, procedente de la Cañada de Biar (Alicante), en 1914. Tras casarse con la jumillana María Martínez, se estableció en la localidad, donde desarrolló su negocio de venta de frutos secos y formó una familia numerosa.
El proyecto comenzó con la comercialización de altramuces, conocidos en Valencia como tramusos. De esta denominación valenciana surgió el apodo de los ‘Tramuseros’, con el que la familia se hizo conocida en Jumilla y que ha perdurado generación tras generación.

Vicente y María tuvieron 13 hijos, de los que todavía viven tres, de 90, 86 y 83 años. Sus descendientes han multiplicado la familia, reflejo de un legado que ha crecido sin perder el vínculo. Salones Pío XII acogió el encuentro este pasado fin de semana con ‘tramuseros’ procedentes de Jumilla, Elda, Petrer, Cartagena, Altea, Jávea, Finestrat y Benidorm, aunque había familiares convocados incluso desde Ibiza.
Una historia que combina una gran tradición familiar comercial, raíces alicantinas y arraigo jumillano
Entre las curiosidades de esta extensa saga destaca que siete de los integrantes que participaron en la reunión comparten nombre y apellido: Lorenzo Bernabéu. Una coincidencia que añade una nota singular a una familia cuya historia se ha transmitido a través de cinco generaciones.
Más de cien años después de la llegada de su fundador, los ‘Tramuseros’ mantienen vivo el recuerdo de Vicente Bernabéu y María Martínez. Su reunión en Jumilla ha servido para celebrar una historia que combina tradición comercial, raíces alicantinas y arraigo jumillano, con los altramuces como protagonistas de un apodo convertido en seña de identidad familiar.









