Editorial
Jumilla puede sentirse orgullosa de contar con un tejido asociativo extraordinariamente activo. Son muchos los colectivos que, a lo largo del año, organizan actividades culturales, sociales, deportivas y festivas que enriquecen la vida de nuestro municipio. Su labor merece reconocimiento y agradecimiento. Pero quizá haya llegado el momento de plantear una reflexión necesaria: lo importante ya no es organizar mucho, sino organizar bien.
Durante demasiado tiempo hemos medido el éxito por la cantidad de actos programados, cuando la verdadera diferencia la marcan la calidad, el rigor y la atención a los detalles. Porque no todo vale. No vale improvisar constantemente, ignorar las normas básicas de protocolo o descuidar aspectos fundamentales de organización y respeto institucional.

No hablamos de una cuestión de formalidad vacía, sino de respeto hacia los invitados, los patrocinadores, las instituciones, los propios medios de comunicación y el público. Y cuando algo de esto se descuida, la imagen que se proyecta también se resiente.
En Jumilla hay colectivos que son ejemplo de buen hacer y profesionalidad. Pero también existen otros que parecen instalados en una cierta autocomplacencia, convencidos de que cualquier cosa sirve mientras el acto salga adelante. Y no es así para nada.
Porque si aspiramos a la excelencia, debemos asumir que la crítica constructiva forma parte del camino. La buena voluntad es imprescindible, pero no suficiente. También hacen falta rigor, autocrítica y voluntad.
Jumilla tiene grandes colectivos. Precisamente por eso, es razonable pedirles que estén a la altura de todo lo que representan, sin acritud, y sobre todo con ganas de mejorar siempre. La mediocridad ya no debe tener espacio.








