En clave de sol by Gustavo López

Hay anuncios que se reciben con aplausos, y otros que se acogen con una ceja levantada. El reciente comunicado del consejero de Fomento de la Región de Murcia sobre el inicio del plazo de licitación de las obras del primer tramo de la carretera del Carche pertenece, inevitablemente, al segundo grupo. Y no por falta de importancia, sino por el peso de una espera que supera ya las tres décadas.
Treinta años no son un simple retraso administrativo. Todo este tiempo es sinónimo de generaciones enteras viendo cómo una infraestructura necesaria se quedaba en promesas, borradores y titulares que nunca terminaban de materializarse. Por eso, ahora que por fin se da un paso formal hacia su ejecución, la reacción lógica de muchos ciudadanos es la incredulidad. De ahí el título de estas líneas.
Porque el anuncio, siendo positivo, llega tarde. Muy tarde. Y eso hace que haya que mirarlo con alegría pero también con cautela. Es importante que comience el proceso de licitación, pero lo verdaderamente relevante será comprobar que las obras comienzan en tiempo y forma, que los plazos se cumplen y que no volvemos a asistir a una nueva cadena de demoras, excusas o revisiones presupuestarias que acaben diluyendo lo anunciado.


Además, este primer tramo no puede convertirse en un gesto aislado para cubrir expediente. La carretera del Carche necesita una visión completa, coherente y comprometida. El segundo y el tercer tramo deben seguir sin dilaciones injustificadas. Totalmente a continuación. No tendría sentido celebrar el inicio de una parte si el conjunto queda inconcluso durante otros tantos años. La planificación debe ser integral y, sobre todo, cumplirse.
A esto se suma una pieza clave, como es el enlace con la autovía A-33. Este punto es esencial para que la infraestructura tenga verdadera utilidad y no se convierta en una vía a medio gas. La comunidad autónoma ha redactado el proyecto, pero es imprescindible que el Ministerio de Fomento lo ejecute, y que nadie anteponga intereses que se no sean generales. Ya que por fin lo autonómico ha movido ficha, lo estatal debe ir a la par.
A los jumillanos nos han enseñado a desconfiar, y no lo hacemos por capricho. Y esa desconfianza solo se disipará con hechos, pasando de los anuncios a la realidad. Quizá dentro de unos años, cuando la carretera esté terminada, conectada y en pleno funcionamiento, dejaremos de lado el escepticismo. Hasta entonces, como Santo Tomás, necesitamos ver para creer, y meter nuestros dedos en el costado.