Pablo Olivares García, de 4 meses de edad, puede disfrutar de contar con cuatro bisabuelos y dos tatarabuelas
Un caso excepcional en una época en la que las mujeres cada vez retrasan más la edad para ser madres
Reportaje de J.J. Melero
Entre Pablo Olivares García, con 4 meses de edad, y sus tatarabuelas Luisa, de 90 años, y Josefa, de 87, hay nueve décadas de diferencia. En Jumilla hay una familia que ha conseguido unir a cinco generaciones, un caso excepcional en una época en la que las mujeres cada vez retrasan más la maternidad.
El hecho de que tanto las dos tatarabuelas como sus descendientes tuviesen hijos a una edad relativamente temprana y la longevidad de ambas ha permitido que hoy tengan la oportunidad de disfrutar de cinco generaciones juntas.

En la España de pleno siglo XXI ser abuela con 37 años es todo un hito. Así le ha ocurrido a Josefina, que ya tiene un nieto a una edad a la que otras mujeres todavía no han sido todavía madres. Pedro, su marido, lo ha sido con 39. Ambos fueron padres con 16 y 18 años respectivamente. Y su hija Elena lo ha sido con 21, junto a Álvaro, que tiene 26. En este caso, los abuelos paternos de Pablo, Juan José y Fina, tienen 60 y 58 años, edades más habituales para tal rango.
Sin embargo, por parte de madre, el nuevo miembro de la familia todavía cuenta con cuatro bisabuelos y dos tatarabuelas. Se trata de Paqui y Sebastiana, que han conseguido tal honor con apenas 59 y 64 años respectivamente. No quedan lejos los dos bisabuelos, ambos llamados Pedro, que cuentan con 61 y 67 años.
Y la punta de este casi único árbol genealógico la marcan Luisa y Josefa, que se adentran en un terreno casi desconocido: disfrutar de un tataranieto.











