Análisis de Antonio Toral Pérez, cabo del CEIS de la Región de Murcia, de los últimos incendios forestales
Así de rotundo se mostró el técnico forestal Víctor Resco de Dios sobre lo que estaba pasando en Los Gallardos, en Almería
“Puedes mandar a toda la UME y toda la OTAN que no lo vas a apagar”. Así de tajante y rotundo se mostraba, el pasado viernes 10 de julio, el técnico forestal Víctor Resco de Dios sobre lo que estaba aconteciendo, en esos mismos momentos, en el dramático incendio forestal de Los Gallardos en Almería. Un incendio forestal de sexta generación en toda regla, extremo, inextinguible y fuera de capacidad de extinción. Incendios que, tristemente, se están produciendo cada vez más a menudo y que, en absoluto, son fruto de la casualidad.
Causas
Abandono del medio rural: La ausencia casi total de pastoreo en nuestros montes, el abandono de los campos y de la agricultura, y la falta de explotación natural del entorno rural propicia la continuidad en la masa forestal y la acumulación de materia combustible desecada lista para arder.
Falta de gestión medioambiental: Ausencia de planificación forestal y de prevención. Lo cual propicia la homogeneidad en los bosques, sin discontinuidades (cortafuegos, campos de cultivo, desbroces, etc.) favoreciendo que las llamas se propaguen sin barreras naturales ni artificiales de ningún tipo.

Crisis climática: Olas de calor cada vez más habituales y extremas que reducen al mínimo la humedad ambiental y de la propia vegetación, lo cual hace que el combustible vegetal que se encuentra en el monte y en el medio rural en general se encuentre en estado óptimo para arder y, en tal caso, favorecer la propagación hacia un gran incendio forestal.
Trece víctimas mortales
Todas estas causas o factores, comunes en la práctica totalidad del medio rural y forestal de la geografía española, unidos a otros específicos de la zona almeriense en la que se produjo el incendio de Los Gallardos, como la gran cantidad de gargantas y barrancos; las fuertes rachas de viento reinantes en la zona, acrecentadas e influenciadas por la potencia del incendio, el cual crea su propia meteorología, creando poderosas corrientes de convección que desecan aún más los combustibles favoreciendo, aún más, la propagación del fuego; la existencia de multitud de urbanizaciones, cortijos y viviendas aisladas y diseminadas, conocido como interfaz urbano-forestal; la dificultad para informar y/o evacuar o confinar a toda esta población.

La ausencia de instrucciones previas en cuanto a vías de evacuación y, por tanto, el nerviosismo, la ansiedad y la falta de preparación de la población, convirtió el incendio de Los Gallardos en una trampa mortal, cobrándose la vida de 13 personas mientras trataban de salvar sus vidas y de escapar de aquel infierno de llamas devenido en incendio forestal.
Soluciones y actuar
Ante esto y hecha, grosso modo, la crónica de lo acontecido en Almería, y como ocurre tristemente año tras año a lo largo y ancho de toda la geografía española y cada vez con mayor asiduidad, hay que pensar en soluciones y, sobre todo, hay que actuar. Y como profesional ejerciendo como bombero desde hace 21 años, tengo claro la existencia de dos pilares básicos sobre los que las administraciones deberían de actuar: En primer lugar, la prevención, una adecuada planificación y gestión medioambiental e instrucciones básicas a la población; y en segundo lugar una adecuada dotación de medios, especialmente de aquellos que permiten una primera respuesta rápida y actuación.
Respecto a la primera de ellas, es necesaria una adecuada gestión medioambiental de nuestros bosques. Pero una gestión sin ocurrencias ni improvisaciones, planificada en el medio y, especialmente, en el largo plazo. Y es que es habitual escuchar que “los incendios forestales se apagan en invierno”, pero realmente los incendios forestales se apagan o evitan a lo largo de los años, con una adecuada gestión forestal y rural que incluya, entre otras medidas: el mantenimiento de las líneas de defensa y fajas cortafuegos, la retirada de vegetación en puntos clave para evitar la acumulación de combustible, la apuesta clara por las especies autóctonas, las cuales suelen soportar mucho mejor las condiciones del fuego, en detrimento de otras especies de repoblación que se han ido introduciendo posteriormente y, por supuesto, la educación y cultura medioambiental, así como las reformas legales necesarias para que tras un incendio de esta naturaleza la superficie afectada solamente pueda estar dedicada al uso forestal.
Y luego está el que es el otro aspecto básico y fundamental, que es una adecuada planificación, dotación, localización y distribución de los medios de detección y de extinción de respuesta rápida y, entre los cuales el ciudadano, y también los medios de comunicación, deben de saber que no se encuentra la UME.
Medios de extinción de respuesta rápida
Los medios de extinción de respuesta rápida los conforman los bomberos profesionales y los brigadistas forestales, entre los cuales compartimos este tipo de competencias, que han de estar adecuadamente formados y dotados de medios personales y materiales, y también adecuadamente distribuidos para garantizar una respuesta lo suficientemente rápida y eficaz como para que el incendio se reduzca a un conato, tal y como ocurre con la mayoría de incendios de esta naturaleza, y no progrese a un gran incendio forestal.
Pues cuando ya tenemos un gran incendio forestal declarado, que es cuando aparecen otros medios ajenos a los municipales y autonómicos, como la UME, poco puede hacer el personal de tierra para atajar este tipo de incendios, pues estos ya hace tiempo que han escapado a la capacidad de extinción y solo pueden ser atacados de forma ofensiva por los medios aéreos, los cuales también son de una importancia primordial entre los citados medios de respuesta rápida, así como los medios de detección, fundamentales también, habitualmente por medio de las garitas de vigilancia forestal.



