En clave de sol by Gustavo López

La Feria y Fiestas de Jumilla tiene un amplio programa de actos para todos los gustos. Lógicamente, aunque eso sea así, no a todos gusta por igual ni de forma unánime, ya que gustos hay tantos como colores. Hay actos para niños, mayores, deportivos, conciertos, folklore, religiosos, verbenas, Fiesta de la Vendimia con hasta tres cabalgatas, y aunque hay que tener muy claro, que las fiestas son patronales y en honor a nuestra patrona la Virgen de la Asunción, lo que se convierte en el mayor atractivo, sobre todo para los visitantes y turistas, es el vino.
Por eso, hay actos que con el paso de los años evolucionan, se adaptan, y hasta desaparecen, porque otros llegan nuevos y se integran y así un año tras otro repitiendo la historia. Supongo que todo esto forma parte de la vida. Ya se sabe que adaptarse o morir y no podemos agarrarnos a la tradición sin ver las situaciones con perspectiva, desde lejos y dentro de la idiosincrasia del momento.
Todo esto lo digo porque es perfectamente justificable que haya actos que lleguen nuevos y otros que desaparezcan, pero no es menos cierto que hay varias actividades que han de estar sí o sí, aunque haya que adaptarlas o pulirlas.


Seguro que cada uno de nosotros tendremos en nuestras cabezas qué actos son esos. y seguro estoy también que la miniferia del vino que durante muchos años se ha venido celebrando el primer sábado de fiestas, ha de ser algo irrenunciable. Por primera vez en mucho tiempo, no se ha organizado, lo que ha hecho que nuestra imagen se viera sensiblemente afectada, ya que el pasado sábado fueron muchas personas las que llegaron desde fuera de Jumilla convencidos de que el paseo iba a estar lleno de bodegas, de rica gastronomía, de choque de copas, de alegría, y también promoción y marketing directo del productor al cliente final, sin intermediarios ni obstáculos de ningún tipo.
Pero cual fue la sorpresa, pues que el paseo estaba vacío y los visitantes se encontraron compuestos, con copa y sin vino.
Parece ser que no había bodegas interesadas en participar, tan solo un par de ellas, y decidieron cortar de raiz. Pero sinceramente creo que la miniferia del vino debería ser uno de esos actos irrenunciables. Ha de organizarse indiscutiblemente y si hay que adaptar algo, como puede ser el horario o el lugar de celebración, pues que se estudie, pero quitarla de un plumazo no ha de ser opción
Supongo que los posibles problemas no serán insalvables. Si es así, pido disculpas, y espero que al año que viene, la miniferia del vino en agosto siga más fuerte que nunca.