La intervención se concentra en las zonas sur y sureste del templo, afectadas por siglos de deterioro, mientras la parroquia busca financiación para garantizar la conservación de una de las principales joyas patrimoniales de Jumilla
Lola Tomás Ruiz
El párroco de la Iglesia Mayor de Santiago, Manuel de la Rosa, vuelve a recurrir a la solidaridad de los jumillanos para seguir haciendo frente a uno de los grandes retos patrimoniales de los últimos años: la restauración de las zonas exteriores del templo.
Y lo hace, una vez más, combinando la colaboración de las distintas administraciónes y entidades y con la celebración a lo largo del tiempo de sus propios eventos solidarios, cenas, conciertos y colectas en la iglesia.
Obras
Las obras de restauración de la Iglesia Mayor de Santiago avanzan con el objetivo de recuperar algunas de las zonas exteriores más deterioradas de uno de los edificios históricos más importantes de Jumilla. Una intervención de gran envergadura cuyo presupuesto se sitúa ya en torno a los 350.000 euros y que, según reconoce el párroco Manuel de la Rosa, podría incrementarse conforme progresen los trabajos y aparezcan nuevas necesidades.
La actuación se está centrando fundamentalmente en las zonas sur y sureste del templo, espacios especialmente castigados por el paso del tiempo y por las propias características de los materiales empleados en su construcción.
De la Rosa destaca especialmente la situación de la portada sur, fechada en el siglo XVI y que, después de alrededor de cinco siglos, presentaba un importante grado de deterioro. Se trata, subraya, de una pieza de gran valor dentro del Renacimiento y de un elemento prácticamente único en el sureste español.

El deterioro acumulado había llegado a provocar incluso desprendimientos en algunas cornisas situadas a gran altura, una circunstancia que evidenciaba la necesidad de actuar sobre el edificio. A ello se suma que buena parte de estos exteriores permanecían prácticamente sin intervenir desde su construcción.
Uno de los principales problemas se encuentra en la propia piedra utilizada en Santiago. Se trata de piedra arenisca procedente de canteras del término municipal de Jumilla que, por sus características y por encontrarse sometida durante siglos al viento y a los agentes meteorológicos, ha sufrido una progresiva degradación.
Los trabajos llevan varios meses en marcha y ya comienzan a apreciarse los resultados en algunas de las zonas intervenidas. Manuel de la Rosa asegura que la restauración está permitiendo recuperar espacios que se encontraban muy deteriorados y devolverles buena parte de su aspecto original.
Una intervención compleja y sin fecha cerrada
La obra está siendo ejecutada por una empresa de ámbito nacional especializada en restauración y cantería. La complejidad técnica de los trabajos, la altura de determinadas zonas y las condiciones meteorológicas han condicionado el ritmo de la intervención.
El fuerte calor del verano, por ejemplo, ha impedido trabajar durante determinadas horas debido a la exposición directa de los operarios al sol. También los periodos vacacionales han reducido puntualmente el número de trabajadores presentes en la obra, aunque los trabajos no se han detenido por completo.
Por todo ello, la parroquia evita establecer una fecha concreta para la finalización de la restauración. El propio Manuel de la Rosa reconoce que resulta difícil calcular los plazos en una intervención de estas características, en la que pueden aparecer nuevos problemas a medida que se actúa sobre el edificio.
La misma incertidumbre existe con respecto al coste definitivo.
El presupuesto de partida ronda los 350.000 euros, pero el párroco admite que esa cantidad podría crecer. En una restauración de estas dimensiones es habitual que durante los trabajos aparezcan elementos que también necesitan ser reparados y que inicialmente no estaban contemplados.
Financiación pública, parroquial y bancaria
Hacer frente a ese desembolso supone uno de los principales desafíos para la parroquia.
La restauración cuenta con aportaciones de distintas instituciones. El Ayuntamiento de Jumilla ha colaborado económicamente y está prevista una nueva aportación, mientras que también existe colaboración por parte de Patrimonio y del Obispado. A ello se suma el esfuerzo económico de la propia parroquia.
Sin embargo, estas cantidades no son suficientes para asumir por sí solas una actuación de semejante magnitud.
La necesidad de realizar pagos periódicos a la empresa encargada de los trabajos ha llevado a la parroquia a recurrir también a financiación bancaria, una posibilidad que inicialmente no entraba en los planes de Manuel de la Rosa pero que se ha convertido en necesaria para mantener el desarrollo de las obras.

Paralelamente, la parroquia continúa impulsando diferentes actividades destinadas a obtener recursos y, al mismo tiempo, involucrar a los jumillanos en la conservación del templo.
Durante los próximos meses está previsto organizar distintas propuestas vinculadas especialmente con la música. Entre ellas figura un concierto de la banda de cornetas y tambores de Las Lamentaciones, además de una actuación de música antigua y nuevos conciertos aprovechando el órgano de Santiago.
Una de las propuestas previstas será un concierto dedicado a bandas sonoras cinematográficas interpretadas al órgano, mientras que también se trabaja en otra actuación que combinará órgano y flauta.
“La mayor joya” de Jumilla
Más allá de las cifras, Manuel de la Rosa insiste especialmente en el valor patrimonial del edificio que se está restaurando.
El párroco considera Santiago una obra excepcional desde el punto de vista arquitectónico y artístico y destaca especialmente su cabecera renacentista, sus bóvedas y nervaduras. Una riqueza que, asegura, también sorprende a arquitectos y especialistas que visitan el templo.
“Jumilla en Santiago tiene su mayor joya con muchísima diferencia”, defiende De la Rosa, quien recuerda que conservar este tipo de edificios no es únicamente una cuestión estética, sino una responsabilidad para evitar que siglos de historia terminen perdiéndose por falta de intervención.
Ese es, precisamente, el objetivo último de una restauración que todavía tiene camino por delante: recuperar las partes más dañadas del templo y asegurar que uno de los principales referentes históricos y artísticos de Jumilla pueda llegar en las mejores condiciones posibles a las próximas generaciones.









