Editorial
La llegada de una nueva edición de las Fiestas de Moros y Cristianos de Jumilla marca, un año más, ese punto de encuentro entre historia, tradición y convivencia, continuando con el objetivo de la consolidación de las nuevas fechas, una decisión que en su momento generó dudas, pero que hoy representa una oportunidad clara para seguir avanzando.
Todo cambio importante requiere tiempo, paciencia y, sobre todo, confianza. Comparsas, organización, participantes y vecinos deben saber mantener viva la esencia pese a los ajustes, y ese es un mérito que no debe pasarse por alto. Ahora bien, superada la fase de transición, toca mirar hacia adelante con ambición.

Porque no solo hablamos de mantenerse, sino de crecer. Y ese crecimiento no pasa únicamente por hacer más actos o por aumentar su visibilidad, sino por reforzar lo verdaderamente importante: la participación. Ahí está la clave. Conseguir que más personas se impliquen, que nuevas generaciones encuentren su espacio, que el sentimiento festero se expanda y cale aún más en la sociedad jumillana.
Para ello, es fundamental seguir trabajando desde la unidad. Las fiestas no pertenecen a una comparsa, a una junta o a un colectivo concreto, y solo desde esa visión compartida será posible afianzarlas como una cita imprescindible en el calendario local y regional. La coordinación, el diálogo y la suma de esfuerzos deben seguir siendo las herramientas principales.
Los Moros y Cristianos de Jumilla ya tienen su camino trazado, y solo falta saber recorrerlo juntos.











