En clave de sol by Gustavo López
Cuando llega el tiempo de la Semana Santa de Jumilla, y por tanto, el momento de sacar tambores y túnicas moradas con su pañuelo para el cuello, todo queda bajo el paraguas de un nombre propio como es la Asociación de Tambores Cristo de la Sangre.
Hablar de este colectivo es hacerlo de compromiso, de pasión y, sobre todo, de un trabajo que resulta imprescindible para que cada redoble suene perfecto y cada acto transcurra con la solemnidad y la brillantez que merece.
Organizar las tamboradas no es tarea sencilla. Requiere meses de planificación, reuniones, coordinación con instituciones, atención a los más mínimos detalles logísticos y una dedicación constante que va mucho más allá de los días señalados en el calendario. Detrás de cada desfile, de cada concentración, de cada instante de emoción compartida, hay un equipo humano que trabaja con rigor y con una profesionalidad admirable.

La Asociación de Tambores Cristo de la Sangre no deja nada al azar. Son detallistas hasta el extremo y eso se nota. Cuidan los horarios, los recorridos, la seguridad, la estética y, por supuesto, el respeto. Esa mezcla de fidelidad a sus raíces y capacidad organizativa es lo que convierte cada uno de sus actos en un referente dentro y fuera de Jumilla.
Pero si hay algo que merece un reconocimiento especial es su trato hacia los demás, y en particular hacia los medios de comunicación. En un tiempo en el que la inmediatez a veces desplaza a la cortesía, esta asociación demuestra que ambas pueden ir de la mano. Informan con claridad, facilitan el trabajo de fotógrafos y redactores, atienden con amabilidad cada solicitud y comprenden que la labor de comunicar también forma parte de ellos mismos como colectivo.
Porque no se trata solo de organizar tamboradas impecables, y ellos lo saben. Escuchan, dialogan, agradecen. Valoran el esfuerzo de quienes cuentan lo que hacen y entienden que cada crónica, cada imagen y cada entrevista contribuyen a mantener viva la llama.
Hay colectivos que cumplen. Otros ni eso. Y luego están los que destacan y marcan la diferencia, algo que subrayo cada año, que me encanta hacerlo y que espero poder seguir haciéndolo muchos años.
En cada redoble hay emoción. En cada acto, organización. Y detrás de todo ello, un grupo de personas que entienden que la grandeza no está solo en hacer las cosas bien, sino en hacerlas con respeto, con elegancia y con corazón.











