En clave de sol by Gustavo López
Las Fiestas de Moros y Cristianos de Jumilla han vuelto a demostrar este año por qué son mucho más que un calendario de actos o un fin de semana de celebraciones. Una vez más, la ciudad ha sido testigo de una manifestación colectiva de trabajo, compromiso, convivencia y pasión por nuestras tradiciones. Durante semanas, y especialmente en los días centrales de las fiestas, cientos de personas han dedicado su tiempo, su esfuerzo y su ilusión para que todo saliera adelante, con una participación que volvió a llenar las calles.
Pero si hay algo que caracteriza a la familia festera de Moros y Cristianos de Jumilla es su forma de entender la fiesta. Lejos de protagonismos innecesarios, hablamos de un colectivo que quiere crecer desde la humildad, el respeto y el trabajo silencioso. Valores que no siempre ocupan titulares, pero que constituyen la verdadera esencia de una organización que lleva ya 40 años trabajando.

Quien observa desde fuera percibe una fiesta ordenada, respetuosa y acogedora. Quien la vive desde dentro conoce aún mejor la cantidad de horas, reuniones, decisiones y sacrificios personales que hay detrás de cada desfile, cada acto cultural, cada embajada o cada actividad organizada. Y, sin embargo, pocas veces se pone suficientemente en valor todo ese esfuerzo.
Por eso, una vez finalizada esta edición, quizás ha llegado el momento de plantear una reflexión importante. Mantener la humildad es imprescindible. Seguir siendo un colectivo respetuoso, cercano y comprometido debe continuar siendo una de las señas de identidad de estas fiestas. Pero humildad no debe confundirse nunca con falta de confianza.
Deben creer en el trabajo que realizan durante todo el año. Deben creer en la capacidad organizativa demostrada. Deben creer en el respaldo que reciben de festeros, colaboradores, instituciones y vecinos. Y deben creer, sobre todo, en el enorme potencial que todavía tienen por desarrollar.
Jumilla cuenta con unas Fiestas de Moros y Cristianos que tienen mucho que ofrecer. A nivel cultural, turístico, patrimonial y social. Unas fiestas que proyectan una imagen positiva de la ciudad y que pueden seguir creciendo sin renunciar a su esencia. La clave no está en parecerse a nadie ni en competir con otros modelos festivos ni siquiera otras poblaciones. La clave está en potenciar aquello que las hace únicas y diferentes.
Hay que seguir consolidando todo lo conseguido, con respeto y humildad, pero creyendo en el enorme potencial que tiene la fiesta, con orgullo y por justicia.








