En clave de sol by Gustavo López

El último informe PISA no deja lugar a una interpretación amable. España registra sus peores resultados históricos en las tres competencias evaluadas, algo que no había ocurrido desde que participamos en esta prueba pro primera vez en el año 2000. Los alumnos españoles de 15 años obtienen 457 puntos en matemáticas, 451 en comprensión lectora y 477 en ciencias, por debajo de la media de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) en los tres ámbitos. El deterioro no es cosa de un mal año, ya que desde 2015 España ha perdido 45 puntos en lectura y cerca de 30 en matemáticas, es decir, más de un curso escolar de aprendizaje esfumado. Uno de cada tres estudiantes no alcanza siquiera el nivel básico en matemáticas o en lectura.
En la Región de Murcia, la fotografía no invita al consuelo. Nuestra comunidad figura entre las que arrastran peores cifras, y aunque País Vasco o Valencia aún estar peor que nosotros, esto no debe ser consuelo.
Lo cierto es que ya sospechábamos que nuestro sistema educativo cojeaba. Pero una cosa es la sospecha y otra ver los números de forma tan clara: caída sostenida, alumnado que no comprende lo que lee o brecha creciente con los países que sí funcionan. PISA no inventa un problema nuevo, sino que certifica uno que llevábamos años posponiendo.


Y como era de esperar, la respuesta inmediata no ha sido la autocrítica compartida, sino el cruce de acusaciones entre administraciones y colores políticos. Es exactamente lo que menos necesitamos. Porque una parte importante de esta crisis tiene nombre y es transversal a todos los gobiernos y colores. Los sucesivos cambios de ley educativa, cada uno con su cuestionario, su acento, su reforma de currículo, aprobados sin acuerdo del contrario y derogados en cuanto cambia quien manda. LOGSE, LOCE, LOE, LOMCE, LOMLOE, menudo despropósito: Cada legislatura ha reescrito las reglas del juego mientras el profesorado se adaptaba a la anterior y el alumnado pagaba la inestabilidad. Ningún sistema educativo mejora si cambia de rumbo cada cuatro años según quién gobierne.
Lo que España necesita no es otro ministro señalando al anterior, sino un pacto educativo de Estado, sostenido en el tiempo, que sobreviva a los cambios de gobierno. Mientras la educación siga siendo arma arrojadiza y no política de Estado, seguiremos leyendo informes PISA como este con estupor, con excusas cruzadas, y sin que nada cambie de verdad para el próximo alumno de 15 años que se siente a hacer la prueba.