El arte como forma de mirar y compartir

Carmen Marcos Guardiola entiende el arte como una manera de apropiarse del mundo, de mirar una flor, un paisaje o una luz y convertirlos en algo propio mediante otro lenguaje. Pero en su caso la creación nunca se ha quedado únicamente en el espacio íntimo del estudio. Para ella, hacer arte también significa compartirlo, organizar, reunir a otros creadores y conseguir que el público se detenga a mirar.
Esa forma de entender la cultura explica buena parte del Premio Siete Días Jumilla a la Labor Cultural. El reconocimiento no distingue solo a la artista, sino también a la mujer que, desde su regreso a Jumilla, ha impulsado exposiciones, proyectos colectivos y actividades para dar visibilidad al talento de su tierra.


Carmen nació en Jumilla y vivió aquí hasta los quince años. Estudió bachillerato laboral y conserva dibujos de aquella etapa. Recuerda que, sentada en el Jardín de la Glorieta, pensaba que de mayor quería ser misionera, bailarina o pintora. Finalmente, la vida la llevó por el tercero de aquellos caminos.
Después de que su familia se trasladara a Alicante, trabajó durante un año y más tarde se marchó a Tenerife para estudiar Bellas Artes. Allí pasó dos años que recuerda felizmente. Después continuó sus estudios en Barcelona, donde terminó la carrera en la entonces Escuela de Bellas Artes.
Barcelona se convirtió en su ciudad durante treinta y siete años. Allí formó su familia y desarrolló su vida profesional. Trabajó primero en la enseñanza y después en la Universidad de Barcelona. Ese trabajo le permitió mantener la libertad de pintar lo que quería, sin depender de que su obra se vendiera.
Su relación con el arte fue siempre multidisciplinar. Ha trabajado la pintura, el dibujo, la fotografía, la ilustración, el óleo y, especialmente desde su jubilación, la acuarela. Cuando regresó a Jumilla comenzó un diario de dibujante con imágenes inspiradas en la luz, los cielos y los paisajes que volvía a descubrir. No busca copiar lo que ve, sino conservar la impresión que permanece después de mirar.


También conoció de cerca la gestión artística. En Barcelona creó la galería Espai d’Art que mantuvo durante cinco o seis años, y organizó una feria internacional en la que participaron más de un centenar de artistas. Llegó un momento en que tuvo que elegir entre vender arte o hacer arte. Eligió hacer.
Regresar a Jumilla había sido siempre uno de sus sueños. Sabía que quería vivir en La Alquería, en su casa. Finalmente pudo hacerlo en 2017. Y lo que podía haber sido una etapa de retiro se convirtió en una nueva época de intensa actividad cultural.
Desde entonces ha coordinado, comisariado y promovido diferentes exposiciones y proyectos. Entre ellos aparecen “Haikus Ilustrados”, trabajos en torno a la vasija prehistórica de los triángulos de la Cueva de los Tiestos, las exposiciones de grabados antiguos de Jumilla o “Metamorfosis, del proyecto a la obra final”, una muestra concebida para enseñar al espectador el trabajo previo que existe antes de llegar a una obra terminada.
Para Carmen, una obra no concluye cuando el artista deja el pincel. Termina cuando alguien la contempla y la interpreta. El espectador completa la pieza. Esa idea resume también su manera de trabajar por la cultura: sacar las obras del estudio, colocarlas ante el público y generar alrededor de ellas conversación, curiosidad y nuevas iniciativas.


Está convencida de que Jumilla posee un enorme potencial artístico, especialmente en las artes plásticas y la música. Le gustaría que ese talento alcanzara mayor proyección fuera del municipio y sueña con residencias de artistas que permitan a creadores de otros lugares descubrir el paisaje, la historia y la luz de Jumilla. También imagina grandes exposiciones de artistas jumillanos con repercusión regional.
Otra preocupación constante es documentar la cultura. Considera fundamental que las exposiciones dejen catálogos, publicaciones o memoria gráfica porque, como ella misma sostiene, “lo que no está documentado no ha pasado”. Por eso su labor no consiste solo en organizar muestras, sino también en preparar catálogos y procurar que el trabajo realizado permanezca.
A los jóvenes artistas les aconseja que entiendan el arte como “el gran juego” y que no permitan que la falta de reconocimiento o de éxito económico les impida continuar creando.


Cuando piensa en el Premio a la Labor Cultural, lo comparte con quienes han estado a su lado: su hijo, que la ha ayudado especialmente en el ámbito tecnológico; su hermana; y sus amigos pintores y artistas, con quienes colabora continuamente.
Y cuando habla de legado, tampoco piensa únicamente en las obras que puedan quedar. Le gustaría, sobre todo, que otras personas siguieran organizando exposiciones, inventando proyectos y haciendo cosas.
Tal vez ahí esté la mejor definición de Carmen Marcos Guardiola: una artista que no solo crea, sino que hace que otros creen; que no solo expone, sino que abre espacios para que otros expongan; que no solo mira Jumilla con ojos de pintora, sino que trabaja para que su cultura tenga memoria, continuidad y futuro.