En clave de sol by Gustavo López

Por lo general, las grandes cabeceras nacionales suelen centrar sus contenidos en grandes gestas, importantes acontecimientos, o de aquello que trasciende fronteras. Pero, ¿quién habla del homenaje a aquel maestro que dedicó su vida a una escuela? ¿Quién contará el esfuerzo de aquella asociación que consiguió mejorar una calle? ¿Quién recogerá, para que no se pierda jamás, la voz de nuestros mayores, la tradición de nuestras fiestas, el pulso diario de nuestro comercio, de nuestra agricultura, de la vida de nuestros colectivos?
La respuesta está clara y está contrastada: Eso solo lo hace la prensa local. Y por eso digo, sin temor a exagerar, que un pueblo sin prensa local es un pueblo sin memoria, condenado a que su historia la cuenten otros, o peor aún, a que nadie la cuente.
Quiero detenerme aquí, porque hay algo que quienes hacemos periodismo rara vez decimos en voz alta, Y es que el periodismo local se hace, casi siempre, desde la sombra. Con horarios imposibles. Con la presión de que cada semana, cada día, hay que volver a contar algo nuevo, verificado, honesto. Con la responsabilidad de saber que lo que se escribe puede alegrar o doler a un vecino, a un amigo, a alguien a quien se conoce personalmente, porque así es el periodismo de proximidad: no hay distancia posible entre quien escribe y de quien se escribe.


Detrás de este ejemplar de Siete Días Jumilla que tienen en sus manos, hay personas que han renunciado a muchas cosas para que esta cabecera exista. Se trata de periodistas que han sacrificado fines de semana, fotógrafos que han llegado antes que nadie y se han ido después que todos, diseñadores, técnicos, comerciales, administrativos, colaboradores… un equipo entero que ha entendido que su trabajo no es solo un oficio, sino una forma de servicio.
A todos ellos, a los que están y a los que ya no están pero sentaron las bases de este proyecto, quiero darles las gracias. Gracias por entender el periodismo como lo entendieron los mejores, que no es otra cosa que, con compromiso, como una vocación, no como una simple profesión. Gracias compañeros.
Porque no es lo mismo sobrevivir veintiséis años que vivir veintiséis maravillosos años. Siempre un paso adelante, pero sin perder jamás lo esencial: la cercanía con nuestra gente.