Editorial
Después de años de silencio, el Barrio del Carmen ha vuelto a llenarse de música, de calles engalanadas y de vecinos compartiendo mesa y conversación. La recuperación de sus fiestas patronales es, sin duda, una buena noticia para Jumilla. Pero lo verdaderamente valioso de este regreso no está solo en los actos programados, sino en lo que ha hecho posible que vuelvan a celebrarse, como ha sido la reactivación del tejido asociativo del barrio y la voluntad de sus vecinos de volver a organizarse juntos.

El Carmen es una zona de Jumilla con necesidades reales, que necesita la atención que merece, y con una diversidad que enriquece, pero que también exige escucha, diálogo y trabajo constante para construir comunidad. En ese contexto, que un grupo de vecinos haya decidido dar el paso de asociarse, de coordinarse y de devolver la fiesta al barrio, es un ejemplo de lo que el asociacionismo vecinal puede lograr cuando se le da espacio y confianza.
Las asociaciones de vecinos no son un simple trámite administrativo, sino que son la voz organizada de quienes mejor conocen las calles donde viven, sus carencias y sus fortalezas. Son, además, el puente natural entre la ciudadanía y las instituciones. Que el Carmen haya recuperado su fiesta gracias a la unión de su gente debería ser motivo de orgullo para todo el municipio, y un recordatorio de que el futuro de los barrios se escribe, sobre todo, por parte de los propios vecinos.
No hay otra ni podemos estar esperando a que nos lo den todo hecho y masticado.









