Reportgaje de J.J. Melero

Cuando el ocio todavía se disfrutaba con cuentagotas

La llegada de las fiestas era un paréntesis en lo cotidiano esperado con ilusión durante la primera mitad del siglo XX

A comienzos del siglo XX, la Feria de Jumilla era ya mucho más que una cita comercial o festiva. Ahora era el gran acontecimiento social del calendario local. Un momento ideal donde descubrir novedades en una época donde los instantes de ocio todavía se contaban con cuentagotas.
Los días de honor a la Patrona suponían una ruptura necesaria con la vida cotidiana, que en el resto del año apenas dejaba espacio más allá del trabajo y los quehaceres diarios. Generalmente eran esperadas con ilusión tanto por pequeños como por mayores.


El anillo exterior del Jardín del Rey Don Pedro se llenaba de casetas que ofrecían artículos de todo tipo para los más pequeños: caballos o toros de cartón, muñecas peponas, carritos de limpieza o fogones de hojalata. Y también para los mayores, no faltaban los puestos de calderas, sartenes o trébedes, así como los que ofrecían pertrechos para el ganado de labor. También se podían adquirir perfumes, bisutería, relojería y artículos de fantasía, que muchas veces no se podían encontrar el resto del año en las tiendas.

Los puestos y las ‘ruedas’

Separados y cubiertos por sábanas blancas estaban, además, los puestos y tenderetes de golosinas, especialmente de turrones, peladillas, avellanas y garbanzos torrados, que solían ser acompañados de copas de anís.

Uno de los quioscos de turrones en la Feria de 1949. Foto de José Antonio Tomás


Muy cerca del Real de la Feria, en el verano de 1916, se hacían las primeras pruebas para que Jumilla contara con cine, un nuevo atractivo que sería una realidad a partir del año siguiente. El Cine Luminoso ponía la primera piedra y, desde entonces, las empresas que gestionaron las diferentes salas con las que contó el municipio también se esforzaron para traer la mejor cartelera durante las fiestas.
Con el paso de los años se fueron incorporando las atracciones, conocidas popularmente en Jumilla como ‘las ruedas’, que hacían las delicias de los más jóvenes de la casa durante cada tarde de Feria.

Disfrutando de los coches de choque durante la Feria de 1956. Foto José A. Tomás


La procesión de la Patrona pasa de primerísima hora de la mañana a celebrarse ya por la tarde. Era habitual crear una alfombra de flores y follaje en el recorrido. En el año 1900 decoró la imagen la camarera, la baronesa Solar de Espinosa, y se dieron “limosnas a los pobres en la Casa Consistorial”.

Preparando a la Patrona para la procesión en el año 1910. Foto del Libro conmemorativo de la Coronación


Aunque el deporte fue entrando con fuerza en la fiesta, no faltaban los toros. Muchas de las corridas de los primeros años del siglo XX en el coso jumillano se celebraron a beneficio del Hospital Municipal, siempre necesitado de fondos. El día de San Roque seguía siendo la fecha casi inamovible en el que el Rollo y su entorno se llenaban de señoriales coches de caballos a la salida de la plaza.
En el año 1922 y al siguiente se contrató a la Banda de Música de Infantería de Marina de Cartagena. Precisamente en 1923 se inaugura el templete del centro de la Plaza del Rey Don Pedro, que durante años concentrará multitud de actividades e incluso dispondrá de servicio de bar, rivalizando con el Teatro Vico.

Niños tomando un refresco durante una Feria de los años cuarenta. Foto J. A. Tomás

Ciclismo, motos, boxeo y, por supuesto, fútbol: el deporte irrumpe en las fiestas

El primer dato de actividades deportivas en Feria se remonta a 1896, cuando se celebraron pruebas ciclistas en La Explanada. Con el avance del siglo XX, el deporte fue irrumpiendo en las fiestas y poco a poco se fue haciendo hueco hasta convertirse en esencial en los distintos programas.
Desde los años 30 casi nunca han faltado los partidos de fútbol. Por ejemplo, en los años 1942 y 1943 visitó Jumilla el primer equipo del Real Murcia y en 1947 lo hizo el Albacete, siempre coincidiendo con la Feria. Incluso se aprovechó la Feria para inaugurar en 1962 el Estadio de la Asunción, que venía a sustituir al de San Juan, ya obsoleto.
En 1941 comienza a organizarse la Carrera Ciclista de Feria, que se mantuvo activa durante bastantes años en el programa. También el boxeo se convirtió en habitual. El 1949 se contó con la presencia del campeón mundial Luis Martínez Zapata. Durante los años 40 fueron muy habituales, además, las jornadas de tiro de pichón, que contaron con premios en metálico.

Una carrera de motos que recorrió el casco urbano en la Feria de 1957. Foto J.A.Tomás


Ya en los 50 se organizaron carreras de motos, que recorrían las calles del casco urbano y reunieron gran cantidad de público en todo el recorrido.