En clave de sol by Gustavo López

Durante décadas, la política en España se ha apoyado en la comodidad de las mayorías absolutas. Gobiernos fuertes, decisiones rápidas y una oposición relegada a un segundo plano fueron la norma. Sin embargo, esa etapa parece haber quedado atrás. Hoy, conseguir una mayoría absoluta es casi una excepción, y no una regla. La fragmentación política ha llegado para quedarse.
Este nuevo escenario se repite en todos los niveles de la administración: ayuntamientos, comunidades autónomas y el propio Estado. Ya no hablamos de casos aislados, sino de una realidad generalizada que obliga a replantear la forma de hacer política. Extremadura, Aragón, el Gobierno de España, la Región de Murcia, Jumilla o cientos de municipios de nuestro país son ejemplos claros de una situación en la que gobernar en solitario se hace muy difícil y a veces hasta imposible.
La aritmética electoral manda. Y lo que nos dice hoy es claro: o se aprende a pactar o se entra en una dinámica de bloqueo permanente. Gobiernos en minoría sin apoyos estables, investiduras al límite, presupuestos prorrogados y una gestión diaria basada muchas veces en la supervivencia política. Esa es la antesala de la gobernabilidad imposible.


El consenso y el pacto no deberían verse como una debilidad, sino como una virtud democrática. Gobernar con varios partidos exige diálogo, cesiones y, sobre todo, altura de miras. Obliga a escuchar al otro, a aceptar que nadie tiene toda la razón y que los ciudadanos han repartido el poder de forma deliberada. Ignorar ese mensaje de las urnas se puede convertir en un inconveniente que nosotros mismos nos podemos crear. El ‘ordeno y mando’ se acabó y no se puede confundir el pacto con la renuncia, ni el consenso con la pérdida de identidad. Nada más lejos de la realidad. Pactar no es rendirse; es gobernar de otra forma.
Muchos municipios, donde Jumilla puede servir de ejemplo, necesitan acuerdos estables que permitan sacar adelante proyectos, aprobar presupuestos y responder a las necesidades reales de los vecinos. Los ciudadanos no entienden de siglas ni de bloqueos estratégicos; entienden de soluciones, de servicios públicos y de una política útil. Así que en las elecciones de 2027, o se otorga una mayoría absoluta o habrá que pensar en el pacto.
Las mayorías absolutas se han puesto muy caras y ahora toca convivir con la diferencia. De lo contrario, se resentirá la confianza de la ciudadanía en la política y en las instituciones, donde la abstención podría ser una nota tristemente predominante.