Pascual David Muñoz Álamo. Policía Local y criminólogo

Cerramos el año y lo hacemos con ese gesto tan humano de mirar atrás buscando sentido. El 2025 se va y deja tras de sí un reguero de emociones que no entienden de balances contables ni de titulares rotundos. Para algunos será recordado como el año de sus vidas, ese en el que todo encajó. Para otros, en cambio, será un año al que pedirle por favor que se marche cuanto antes. Y ambas miradas son igual de válidas.
Habrá quien lo celebre como el año en el que aprobó una oposición tras mucho sacrificio, y quien lo recuerde como aquel en el que la oportunidad de ser funcionario se esfumó. Para unos, el 2025 será el año de la ilusión más grande, la de convertirse en padres. Para otros, será el año de un divorcio que dolió más de lo esperado. Versiones contradictorias, sí, pero profundamente respetables, porque cada vida tiene su propio pulso y su propio relato.


Mientras tanto, el mundo no se detuvo. La climatología volvió a recordarnos nuestra fragilidad con desastres naturales que dejaron cicatrices difíciles de borrar. La guerra entre Rusia y Ucrania se eternizó, robando futuro y normalidad. Los comentarios inapropiados de Donald Trump siguieron alimentando la polémica, y en España la política continuó alejándose de la calle, con una ciudadanía que no se siente representada, atrapada entre episodios de corrupción y acusaciones cruzadas que cansan y desgastan.
Los comienzos de año siempre vienen cargados de propósitos y buenas intenciones. Los finales, en cambio, nos obligan al análisis y a la valoración individual. Enlazamos 365 días y casi sin darnos cuenta ya estamos pensando en el siguiente año, al zurrón y a por más, como si el tiempo fuera una cinta sin fin que no espera a nadie.
En ese ejercicio personal, la salud se convierte sin duda en el regalo estrella. Sin ella, nada tiene la misma cara ni el mismo brillo. El dinero ayuda, claro, pero nunca es la estrella. Es un cometa que, si aparece, facilita el camino, pero no debería ser el objetivo último de una vida terrenal.
A nivel personal, el 2025 fue un año de luces y sombras, de alegrías intensas y de durezas que enseñan. Por todo ello, doy carpetazo al 2025 con gratitud, con aprendizaje y con la certeza de que cada año, con sus claroscuros, nos construye un poco más.