En clave de sol by Gustavo López
El Carnaval de Jumilla forma parte del patrimonio de nuestra ciudad. Se trata de una celebración popular que durante décadas llenó las calles, convirtiéndose en un punto de encuentro y una vía de escape para vecinos de todas las edades. Además, así se puso de manifiesto en la exposición inaugurada el pasado viernes. De nuevo se dirá en la conferencia que habrá el propio lunes de Carnaval. También se destaca en el reportaje que publicamos esta semana en esta edición, y se recuerda así cada vez que se habla con abuelos y padres. Y sí que es verdad que no se trata de uno de los carnavales más conocidos a nivel nacional. De hecho, su valor reside precisamente en su carácter cercano, enraizado en la historia local y en la participación que ahora tienen asociaciones y grupos.
A lo largo del siglo XIX y buena parte del XX, el Carnaval jumillano contó con bailes de máscaras, desfiles y actos sociales que se celebraban tanto en espacios públicos como en lugares emblemáticos, como el Teatro Vico. Con el paso del tiempo, y especialmente tras los cambios sociales y culturales de las últimas décadas, la fiesta ha ido adaptándose, incorporando nuevos formatos y actividades. Sin embargo, también ha atravesado etapas de menor visibilidad y participación, agravadas en algunos años por circunstancias externas como la climatología o la falta de continuidad en ciertos actos que nunca terminan de cuajar.

En la actualidad, uno de los principales retos del Carnaval de Jumilla es reforzar su identidad y su atractivo, tanto para la población local como para visitantes de otras localidades. Aunque existen iniciativas como el pregón, exposiciones relacionadas con su historia o concursos, todavía hay margen para consolidar una programación más ambiciosa y reconocible. La percepción de que se trata de una fiesta ‘menor’, en comparación con otras del calendario festivo local, quizá sea la culpable de que no termine de afianzarse.
Para su revitalización resulta fundamental mirar al pasado sin renunciar a la innovación. La recuperación y puesta en valor de tradiciones propias, como antiguos personajes o bailes de máscaras, podrían ayudar bastante. Estas iniciativas no solo contribuirían a preservar la memoria colectiva, sino que también ayudarían a diferenciar esta celebración de otras similares que lo hacen de otra forma. Al mismo tiempo, la diversificación de la programación es clave, sumando propuestas culturales, musicales, espectáculos o gastronómicas. También necesita una mayor promoción pero, sobre todo, lo que hay que hacer es creer en su enorme potencial.











