En clave de sol by Gustavo López
La fecha de las próximas elecciones generales, cuyo adelanto se ha fijado para el 29 de noviembre, se ha convertido en el gran asunto de la política española. La legislatura nacional ha entonado su particular réquiem y, serán una previa de las municipales y autonómicas previstas para mayo de 2027. El calendario electoral parece un tablero de ajedrez donde las piezas muchas veces se mueven pensando en el interés de los partidos y no en el de los ciudadanos.
Muchas veces, las preguntas que se hacen en los despachos de Madrid no es qué necesita el país, sino qué fecha conviene más para convocar elecciones. ¿Adelantar para llegar a mayo en mejores opciones? ¿Esperar a que el desgaste pase factura al rival? ¿Hacer coincidir las citas para movilizar al voto propio? Son cálculos legítimos desde el punto de vista de la estrategia, pero muy discutibles desde la ética democrática.
Aquí es donde pueblos como Jumilla tienen mucho que decir. Las elecciones municipales son las más cercanas al ciudadano: se vota a quien arregla la calle, gestiona el agua, apoya al comercio y organiza nuestras fiestas. Sin embargo, cada vez que se acerca una cita general, el debate local se diluye. Los candidatos acaban repitiendo el discurso de sus líderes nacionales y los vecinos acaban opinando sobre lo que dicen las encuestas, no sobre lo que pasa bajo su balcón.

Creo que es injusto que un alcalde sea castigado o premiado por decisiones del Gobierno central, y sin embargo ocurre. La nacionalización del voto local es una de las grandes distorsiones de nuestra democracia. Hay quien defiende que unir comicios ahorra costes y aumenta la participación, y no le falta razón. Pero también concentra toda la atención en lo nacional y relega los programas locales a una nota a pie de página. Separar las citas obliga, en cambio, a que cada administración rinda cuentas por lo suyo.
Mi opinión es que sea cual sea la fecha elegida, los partidos deberían comprometerse a que 2027 no sea un plebiscito sobre el presidente de turno, sino una evaluación honesta de lo hecho, y de lo no hecho, en cada ayuntamiento y en cada comunidad. Y los jumillanos hemos de ser exigentes. Pregunten a los candidatos por el presupuesto, las infraestructuras, el empleo, la vivienda y el futuro de los jóvenes. Que nadie les conteste con el nombre de un líder que no está en la papeleta municipal.
La democracia se juega en la letra pequeña. Y en mayo, la letra pequeña se escribe en nuestro pueblo. Ahora toca España y después será Jumilla y la Región de Murcia.









