En clave de sol by Gustavo López

Como si el tiempo se contuviera entre nuestros propios párpados, en un abrir y cerrar de ellos estamos en Semana Santa. Vuelven a verse las calles bañadas de gente, de pasos, de bandas de música, de ese clímax especial, en el que no faltarán ni las velas ni las flores, desarrollándose una de las citas anuales más importantes en Jumilla.
Desde el Ayuntamiento se ha anunciado la intención de aumentar considerablemente la aportación económica hacia esta celebración, aportando sobre todo para las propias hermandades, con el fin de hacer más y mejor puesta en escena de las procesiones. Sobre esto, hay quién se pregunta: ¿Quién va a pagar todo esto y donde están los beneficios?
En este sentido, hay que decir que cuantificar resulta totalmente imposible, pero lo que sí es obvio es que el beneficio llega multiplicado por mucho con respecto a la inversión que se hace. De hecho, hay muchos sectores que tienen en estas fechas su gran pico de ingresos y que esperan en marzo su particular agua de mayo.


Hay que partir de que la Semana Santa no pertenece a nadie, y en el que caso de tener ‘dueño’ ese es el pueblo. Por eso, todo lo que se haga no se puede hacer de espaldas a la gente. En este caso los jumillanos han de ser el centro, el pilar fundamental, el eje principal donde todo ha de confluir. Por eso, entiendo que el Ayuntamiento ha dado este paso a modo de inversión, porque si encima de la mesa se ponen 100.000 euros y se multiplican, pues ya nadie puede hablar de gasto, y poca discusión puede provocar.
En su caso, el ente organizador no debe de actuar nunca como si de un tribunal se tratara, y no puede presumir de la música propia de nuestra banda sonora y fomentar la foránea; tampoco debe de exigir el apoyo de los medios de comunicación y reducir su reconocimiento a un simple cero patatero; o solicitar la ayuda y el patrocinio de las empresas locales y sin embargo, cubrir sus necesidades fuera de nuestro pueblo; y mucho menos tener que defender el interés de todas las hermandades y cofradías pero provocar perjudiciales reinos de taifas. En fin, que se debe de estar a la altura y devolver todo lo que se recibe. Lo contrario es egoísta, egocentrista y muy injusto.
El impacto de la Semana Santa es innegable, y cada uno tiene que estar a la altura y ocupar el lugar que le corresponde, pensando siempre en el pueblo, en los ciudadanos, en los que nos ayudan y a los que nos debemos. Así de sencillo.