Impresiones sobre el número 1.000 de Siete Días Jumilla
Colaboración de Elena Pacheco Martínez. Gerente de Bodegas Viña Elena.
Nuestra relación con Siete Días Jumilla parecía que iba a ser un amor de verano. De esos que empiezan casi sin darte cuenta, pensando que durarán poco… y al final resulta que el año pasado celebramos las bodas de plata y ahora nos encontramos soplando las velas de la edición número 1.000. Está claro que la cosa iba en serio.
Y es que tener un medio de comunicación como Siete Días Jumilla en un pueblo como el nuestro es una suerte que, quizá por tenerla tan cerca, no siempre valoramos como merece.
Durante estos 26 años, el periódico ha contado el día a día de Jumilla, dando espacio y valor a nuestra cultura, nuestra historia, nuestras tradiciones, nuestras empresas, nuestro comercio y, sobre todo, a nuestra gente. Cuesta pensar en cualquier acontecimiento importante de nuestro pueblo sin que Siete Días haya estado allí para contarlo, fotografiarlo y dejar constancia de él.

Pero detrás de cada edición hay mucho más que noticias. Hay un trabajo incansable por mantener viva una redacción y por seguir generando iniciativas, encuentros y oportunidades que sirven para promocionar los distintos sectores económicos, sociales y culturales de Jumilla.
Y eso, especialmente en los momentos difíciles, tiene todavía más mérito. Porque Siete Días ha sabido reinventarse, adaptarse a los cambios y seguir adelante con profesionalidad, pero también -y esto conviene decirlo- con muchísimas horas de trabajo, esfuerzo y seguramente algún que otro quebradero de cabeza.
Desde nuestro lado, solo podemos daros las gracias. Gracias por preocuparos por nuestras cosas, por estar pendientes de lo que ocurre en Jumilla y por tratar siempre a sus empresas y a su gente con cariño, cercanía y respeto.
Mil ediciones después, parece que aquel amor de verano salió bastante bien.
Por muchas ediciones más. Y que nosotros las veamos.









