En clave de sol by Gustavo López

El teléfono móvil se ha mimetizado con nuestra vida. Se ha integrado en nuestro día a día, y ahora es una extremidad más de nuestro cuerpo, ya que no sabemos vivir sin las ‘enormes’ posibilidades que nos ofrece, y si nos lo dejamos en casa o lo perdemos (Dios no lo quiera), nos encontramos desnudos, desprotegidos y nuestro mundo se paraliza. Por eso, es tal la dependencia que tenemos, que sin apenas darnos cuenta, el teléfono móvil, nuestro inseparable smartphone, nos ha ido ‘robando’ cosas poco a poco a la vez que nos ha alejado de aspectos tan básicos como la familia, el relax, el descanso o la tranquilidad. Estamos enchufados 24 horas por 365 días. En fin, una vida que se convierte en un sin vivir.
Las cabinas han desaparecido de nuestras calles. Ahora todos llevamos un teléfono en el bolsillo. Da igual la edad y hasta el nivel social o económico. Yo he llegado a ver a personas que por pura necesidad piden en la calle, y llevan su propio ‘telefonaco’ móvil como una parte más de ellos.


Igualmente, ya no hacen falta las calculadoras, porque no hay móvil que no integre una fantástica aplicación que nos permite hacer cualquier cálculo. En este mismo sentido ocurre con los relojes, el despertador y hasta la radio. Además, la música ya no se escucha en esos anticuados aparatejos tipo discman o Mp3. Si salimos a correr, lo hacemos con el móvil. Si queremos saber cuántos pasos hemos dado, los kilómetros recorridos, nuestra tensión arterial, pulsaciones o saturación de oxígeno, basta con mirar nuestro inseparable dispositivo y es como si lleváramos nuestro particular enfermero de urgencias.
Mención especial merecen las cámaras fotográficas. Ahora todos somos fotógrafos e inmortalizamos nuestro alrededor con toda naturalidad, llegando a tener miles y miles de fotos que colapsan los cientos de gibas de memoria que nos ofrece el querido móvil. De hecho hay chavales que no tienen ni idea de lo que es un carrete.
Como todas las cosas en su justa medida, los móviles son muy buenos, pero es que ahora ya ni los mapas existen por culpa de los dichosos aparatos, e incluso hasta nos está quitando el hecho de llamar por teléfono, ya que con un mensaje arreglamos la mitad de las cosas. Qué contradicción.
Lo más grave puede estar por venir, y es que nos quite a nuestros hijos, o seres queridos, ya que cuando hay un móvil por medio, el mundo se reduce a esa pequeña caja de teclas. Espero equivocarme.