En clave de sol by Gustavo López

En una sociedad cada vez más acelerada y exigente, conceptos como el respeto y dar valor a los demás y a su trabajo, parecen diluirse entre prisas, opiniones rápidas y juicios precipitados. Cuando las cosas no se tienen claras, la mucha gente para la guerra es buena, y por eso a veces hasta nos escondemos en los demás. Pero nunca hay que olvidar que respetar y valorar no son gestos opcionales ni simples normas de educación. Se trata de pilares fundamentales para una convivencia sana, equilibrada y recíproca que huye de la ley del embudo.
Respetar implica reconocer lo que el otro aporta. Igualmente, valorar va un paso más allá, y supone apreciar el esfuerzo, las cualidades y el trabajo que cada uno desarrolla. Ambos valores deben estar presentes en nuestro día a día.
En todos los ámbitos de la vida, el respeto y la valoración crean confianza y fortalecen las relaciones. Cuando una persona se siente respetada y valorada, participa más, se expresa con libertad y contribuye de manera positiva. Por el contrario, la falta de estos valores genera rechazo, conflicto y distanciamiento.


No obstante, no siempre nos encontramos con actitudes respetuosas. Todos hemos vivido situaciones en las que alguien nos ignora, nos descalifica o no reconoce nuestro esfuerzo. Ante estas faltas de respeto, las personas solemos reaccionar de dos maneras, como pueden ser respondiendo con enfado o callando por evitar problemas. Ninguna de las dos opciones suele resolver el conflicto.
Por eso, actuar con respeto cuando no nos respetan es un reto y una muestra de madurez. Defenderse no significa atacar, sino saber poner límites, expresar cómo nos sentimos y exigir un trato digno. Alejarse de una situación dañina o mantener la calma ante una provocación también es una forma de valorarse a uno mismo. Ya se sabe que cuando la gota colma el vaso, pues hay que poner límites si no quieres que además se rían de ti.
Respetar y valorar no se imponen, se aprenden, se practican y se contagian. Empiezan en cada persona y se reflejan en la sociedad que construimos. Apostar por estos valores es apostar por una convivencia más humana, más justa y más consciente. Porque solo cuando nos respetamos y valoramos de verdad, podemos avanzar juntos.
En el caso de los colectivos sociales, que dependen de la sociedad que les rodea, respetar todavía se hace mucho más necesario e imprescindible.  Por eso, hasta aquí hemos llegado, y aunque tú nunca hayas sido nada en la vida, yo te respeto, pero rechazo tus malas formas. Cuanto más lejos, mejor.