Editorial
La marcha de las obras que se están haciendo en el mercado de abastos preocupan, y lo hacen precisamente porque no marchan ni ocupan a nadie. Por este motivo, desde el Consejo de Redacción se publica esta semana la noticia donde se recoge la opinión, versión y sentimiento de las diferentes partes implicadas y afectadas, como pueden ser los vendedores y gerentes de los puestos, responsables municipales, partidos políticos y hasta usuarios, que coinciden todos en su preocupación.

Cuando se concedió el contrato de ejecución de las obras a la empresa adjudicataria, ya las voces que se escucharon hacían presagiar lo peor, algo que se ha corroborado, por desgracia, con el avance del tiempo. Y es cuando alguno de nosotros tenemos que hacer algo en nuestras casas, todos sin distinción, contratamos con aquella empresa o profesional que nos inspira más confianza. Sin embargo, la administración pública no funciona así, y contrata con otros criterios, lo que puede dar lugar a situaciones como ésta que puede dejar a los jumillanos con el culo al aire, sin mercado, con una imagen desastrosa en pleno centro del pueblo de cara a estas próximas fiestas, mientras todos vemos ojipláticos cómo está todo, que parece que ha caído una bomba nuclear. A todo esto, se suma el malestar y las notables pérdidas de las muchas empresas familiares que allí trabajan, o al menos, lo intentan.
Las obras en el mercado se merecen una solución inmediata, o al menos, que alguien haga algo, desde el director de la obra hasta el propio ayuntamiento, que el final, es el que paga (En nuestro nombre).









