El joven jumillano Pascual Tomás Monreal asistió a la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Lisboa, donde tuvo la oportunidad de ver al Papa Francisco. Por este motivo hemos mantenido una entrevista con él para conocer su experiencia y hablar de su vocación religiosa

La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es un encuentro de jóvenes de todo el mundo con el Papa. Es, además, una peregrinación, una fiesta de la juventud, una expresión de la Iglesia universal y un fuerte momento de evangelización del mundo juvenil. Se presenta como una invitación a una generación determinada en construir un mundo más justo y solidario. Se ha celebrado recientemente en Lisboa y allí estuvo el joven seminarista jumillano Pascual Tomás Monreal.

¿Cómo surgió la posibilidad de asistir a estas jornadas?
Me llegó un mensaje de una amiga proponiéndomelo y al final, gracias a Dios, y con el consentimiento de mis padres fui. Ha sido una experiencia magnífica e inolvidable, es para vivirlo porque es difícil contarlo. Un millón y medio de jóvenes nos reunimos en Lisboa para ver al Papa Francisco que nos dejó un mensaje claro: No tener miedo a ayudar al otro, a levantar al que lo necesita, y que también nos dejemos ayudar.

E imagino que se viven muchos sentimientos
Mis padres saben que ver al Papa siempre ha sido mi sueño, es el representante de la Iglesia y tenerlo delante ha sido algo increíble. Es cierto que no sabíamos si lo íbamos a ver, ya que había muchísima gente, pero cuando iba en el recorrido, nos colocamos en una de las calles y pasó por delante nuestro, dándonos la bendición. Te puedes imaginar, fue un momento de muchos sentimientos: alegría, emoción y algo que siempre se va a quedar en el corazón.

¿Qué supone encontrarse con tantos jóvenes en un evento como éste?
Es un encuentro de jóvenes, pero también acuden sacerdotes, religiosos, feligreses y creyentes en general y de todas las edades. Pero en cuanto a la juventud, aunque se puede pensar en nuestras parroquias y en nuestros pueblos que no hay jóvenes cristianos, pero al estar en encuentros como éste y ves que hay mucha gente que siente lo mismo que tú, que no eres un bicho raro, es importante compartir con ellos y te ayuda en tu vida de fe.

Y, ¿cuándo es la próxima cita?
La próxima cita de las Jornadas Mundiales de la Juventud será dentro de cuatro años, en Corea del Sur, pero antes, en 2025 hay un encuentro con el Papa en Roma.

Tienes tan solo 18 años, ¿cómo nace en ti esta vocación y esta llamada?
Mi familia es cristiana y practicante, mis padres y mis tres hermanos pertenecemos a la iglesia de El Salvador. Mi hermano mayor era monaguillo y yo quería ser como él y justo después de tomar la Primera Comunión me metí también de monaguillo. Un tiempo después asistí a una convivencia de monaguillos en Murcia y es donde me empecé a cuestionar si era mi camino. Hablando con formadores, al poco me planteé que quería ir al seminario y así empezó todo. Es cierto que al principio no lo tenía muy claro, pero Dios me fue dando las pistas para seguir su voluntad. He estado seis años en el seminario, aunque este año me lo he tomado de respiro, como un parón, para reflexionar y tomar una decisión y ver si finalmente doy el paso definitivo para ir al Seminario Mayor.

¿Cómo reaccionan tus padres en su momento? ¿Y los amigos?
Solo me preguntaron si estaba seguro y siempre han respetado mi decisión. A mis hermanos y a mí nos apoyan, siempre que vayamos por el camino del bien y del Señor. Quedaron sorprendidos, pero están contentos. En cuanto a los amigos, al principio, algunos no lo entendían, pero igualmente me han respetado y apoyado.


¿Qué requisitos hay que reunir a la hora de entrar a un seminario?
Más que requisitos es la vocación, si una persona siente esa llamada y, con un director espiritual que te va guiando, te das cuenta que es lo que te hace feliz. Cuando yo me planteo si es mi camino, siento paz y ves que es lo que Dios quiere. Mi experiencia en el seminario me ha ayudado en mi vida, en general y en mi vida espiritual. Es una formación fundamental que siempre voy a llevar.

¿Por qué crees que no existe mucha vocación entre la juventud?
Que haya pocas vocaciones, desde mi punto de vista, es porque nos dejamos llevar por el mundo y la sociedad, creo que nos falta más oración, en lo que hay que ser constante. Mi mensaje para esos jóvenes es que no tengan miedo, que muchas veces nos dejamos arrastrar por ese miedo, por un poco de vergüenza y por no tener apoyo. Hay que dejarse llevar por lo que nos diga el corazón.
Eso es algo fundamental.
¿Cómo se llega a ser sacerdote?
Se empieza en el Seminario Menor, donde existen dos modalidades: el interno, que es vivir ahí y el externo que es pasar unos días cada cierto tiempo. Luego está el Seminario Mayor que son seis años de recorrido y el diaconado que es el paso anterior a ser sacerdote. Luego ya llega el sacerdocio.

¿Y cómo ves tu futuro?
Estoy en tiempo de reflexión de si entrar en el Seminario Mayor. También me atrae la música, ser bombero y las Lenguas Clásicas, pero mi camino está todavía por decidir.