La joven cuenta su experiencia como algo que le ha cambiado la visión del mundo y anima a otros adolescentes a que participen en las sucesivas ediciones “para ser embajadores ante toda España de nuestra ciudad y de nuestra Región”

E.López /L. Tomás

“Cuando pisé el pabellón de Vilanova de Arousa sentí vértigo en las entrañas, una ilusión tímida que me envolvía el corazón, aunque espolvoreada por una pizca de miedo”. Esto es lo primero que le viene a la mente a Elena López Santos, una de las nueve estudiantes murcianas seleccionadas por su expediente académico para realizar la expedición de la Ruta Quetzal, junto al resto de jóvenes de toda España, hasta completar los 200 participantes.
“No me hacía a la idea de hasta qué punto era afortunada por emprender la expedición ‘’Hacia la luz del nuevo mundo’’, del 1 al 14 de julio, un viaje que cambió el mío por completo”.

Expedición

“La expedición consistió en un recorrido por tierras gallegas y portuguesas, siguiendo los faros de la Costa da Morte. El itinerario estuvo salpicado de actividades culturales con visitas a museos, exposiciones y conferencias de reputados catedráticos en latín, historia, derecho romano o biología. Mi preferida nos transportó a la Gallaecia romana, para desenterrar el polvo en que la historia sepulta a las mujeres a lo largo de los siglos y darles el reconocimiento que les ha arrebatado el olvido”.
“La ruta Quetzal busca remover en los jóvenes la inquietud por un pasado que atraviesa irremediablemente el presente. Conocer lo que vino antes, despierta en nosotros un ojo crítico desde el que afrontar lo que vendrá”, sostiene Elena.


Otro de los pilares de este proyecto es la aventura, e intercalaban el aprendizaje con actividades deportivas como rutas de montañismo o en kayak. “No fue una experiencia fácil, porque por dos semanas tuvimos que desprendernos de las comodidades a las que estamos acostumbrados. Dormíamos en tiendas de campaña en medio de la nada, los baños eran comunes y apenas contábamos con tres camisetas para los catorce días. He de admitir que fue físicamente exigente, sobre todo la etapa del camino de Santiago que hicimos desde la ciudad homónima hasta Finisterra, pero después de dos días y más de 50 km, ser recibidos por el embravecido mar que conquistaba el horizonte, llegar donde los romanos pensaron que acabaría el mundo, saber que todo lo había conseguido sin más ayuda que mi propia fuerza de voluntad, mereció sin duda la pena”.

“Momentos para siempre”

La Ruta Quetzal ha permitido vivir a esta joven jumillana momentos que, aunque fugaces, como ella dice, “quedarán escritos por siempre en mi piel.”
“No fue tanto el increíble viaje, sino los ruteros que me acompañaron y apoyaron, forjando con tinta invisible un vínculo más fuerte que la distancia. Me sorprendí de cómo nos convertimos en tan poco tiempo en una gran familia. Mis más profundas amistades comenzaron por la simple sonrisa que se dibuja en un rostro extraño, la complicidad de dos desconocidos que comparten algo más grande que ellos mismos.”


“A pesar de lo difícil que fue despedirse, sé que ellos nunca se irán del todo porque ya son una parte de mí.
Elena López asegura, que no dudaría en invitar a los adolescentes jumillanos a apuntarse a próximas ediciones, “porque además de lo mucho que aprenderán, podrán ser ante toda España los embajadores de nuestra ciudad y región, pudiendo dar a conocer la rica cultura y las raíces de esta tierra”.

La Ruta Quetzal, trasmite el vínculo cultural entre España e Iberoamérica

La Ruta Quetzal floreció gracias a la pasión de Miguel de La Quadra-Salcedo, un periodista y atleta olímpico enamorado de la historia y la aventura. Mis padres atesoran con cariño el recuerdo de este proyecto comenzado en 1979, que durante más de treinta años tuvo como propósito trasmitir a la juventud el vínculo cultural entre España e Iberoamérica.
Tras el fallecimiento de Miguel en 2016, fue su hijo Íñigo quien le tomó el testigo, con la colaboración de la Junta de Galicia y el Mar de Santiago, así como el mecenazgo de Panama Jack.